EL CRISTO DE LA PROMESA
EN HOMERO, HESÍODO, VIRGILIO, OVIDIO, HORACIO, ETC.
VINCENT A. FITZ SIMON,
«LA VERDAD, ABATIDA CONTRA EL SUELO, VOLVERÁ A ALZARSE; SUYOS SON LOS AÑOS ETERNOS DE DIOS; MAS EL ERROR, HERIDO, SE RETUERCE DE DOLOR Y MUERE ENTRE SUS ADORADORES». BRYANT,
NEW YORK
1809
CRISTO EN HOMERO, HESIODO, VIRGILIO, ETC. *FITZ* 18-21
Es absolutamente seguro, pues, que el paganismo nunca fue universal en el sentido estricto de la palabra; que, en cada etapa de su existencia, vivieron hombres que poseían un conocimiento, no inferior en modo alguno, de un Dios Único y Verdadero; y que algunos de ellos, dotados por la naturaleza, mantuvieron vivo este conocimiento en prosa y verso.
Gran parte de este conocimiento se expresó libre y abiertamente —las citas ya citadas lo demuestran—; mucho más permaneció velado por temor a la persecución, pero velado de forma tan diáfana que, al leer (y, tal vez, preguntándonos cómo hombres tan intelectualmente dotados pudieron ser engañados de esa manera), vislumbramos aquí y allá: «Tales destellos dorados de la meta, que hacen vibrar nuevas emociones, y despiertan un nuevo espíritu».
CAPÍTULO: III.
¿PODRÍAN HABER TENIDO CONOCIMIENTO DE CRISTO?
La creencia en un Ser Supremo, creador del cielo y la tierra, no fue la única reliquia que perduró y se transmitió a través de la historia griega.
El conocimiento de nuestros primeros antepasados y de la Caída se conservó y entretejió en el mito de Zeus y Prometeo en Mecone*; *Véase Dioses de la Antigüedad, págs. 391-395* en otro mito, el de Deucalión, se narra el Diluvio; y, más allá de los mitos, se suele aceptar que los griegos, al igual que muchas otras grandes naciones de la antigüedad, conocían aquellos grandes acontecimientos relacionados con el hombre primigenio.
¿También conocían a Cristo? ¿Lo mencionaron por su nombre?
Si es así, ¿dónde? El consenso de opinión respecto a estas preguntas es negativo, hasta donde sabemos, y podría describirse como «No; NO; En ninguna parte». Pero mientras que el «NO» y el «En ninguna parte» se basan en lo que se consideran pruebas, el «No» a la primera pregunta admite cierto grado de duda y argumentación, puesto que una persona puede tener manifiestamente conocimiento de un hecho y, aun así, «comprenderlo pero no expresarlo con palabras».
Los grandes acontecimientos a los que se alude eran generales, ya que de Adán surgió todo, la Caída afectó a todos y el Diluvio fue un castigo infligido a todos; y precisamente por ser generales, todos los tenían presentes. Pero la promesa era igualmente general, pues ofrecía esperanza a todos.
¿Por qué, entonces, haberla olvidado y recordar los demás?
En importancia era sin duda muy superior; en esperanza, iluminaba el futuro y mantenía la mente perpetuamente despierta; en su impresionante e incierta certeza, cautivaría el alma misma del hombre, ocuparía y multiplicaría sus pensamientos, fomentaría la curiosidad en la investigación, la investigación en la razón, la razón en la sabiduría; en ella también residía la verdad, pues la creencia en un solo Dios nunca fue ni podría ser la totalidad de la religión desde aquel fatídico día en que la Promesa fue dada en el jardín.
También en relación con la creación y la caída del hombre, se encuentra un grado mayor o menor de detalle en los registros antiguos; y lo mismo ocurre con el Diluvio.
¿Acaso la memoria no asociaría la Promesa con la Caída, incluso si no lo registrara? Para un pueblo elegido que no lo recibió, //los judíos// y que Él sabía que no lo recibiría, ¿se rompería el hilo de la memoria para todos los demás pueblos de la tierra?
¿Qué decir entonces de Melquisedec, «sacerdote del Dios Altísimo», tan maravillosamente descrito en el Salmo que trata sobre el reino, el sacerdocio y la pasión de Cristo?
¿Qué decir de Job, quien declaró: «Yo sé que mi Redentor vive»?
¿Y qué decir de los Reyes Magos (uno de los cuales se dice que era griego) que vieron su estrella en el oriente y viajaron desde lejos para rendirle culto? Estos hombres abarcan desde los primeros tiempos patriarcales hasta la venida del Mesías; estos hombres no eran descendientes de Abraham. Y sin embargo, indudablemente tenían conocimiento de Cristo. ¿Por qué no otros también, cuya historia ha quedado sin mencionar?
Citas puestas por el autor del blog =“Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos” Malaquías 1.11
**//En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia…” Hechos 10.35//**
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