lunes, 30 de octubre de 2023

LA TRAMPA 26-27

LA BÚSQUEDA FINAL

Rick Joyner

1997

Sin embargo, cualquiera que no fuese parte de ninguno de estos dos ejércitos, los no cristianos, veían su gloria y comenzaban a acercarse a la montaña para obtener una mejor percepción. Los que se

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LAS HUESTES DEL INFIERNO ESTÁN MARCHANDO

acercaban a verlos también comenzaron a entender de qué trataba realmente la batalla. Esto fue de gran motivación.

El regocijo de la victoria continuó creciendo en todos nosotros.

Sentía que el estar en este ejército, en esta batalla, tenía que ser una de las aventuras más grande de todos los tiempos.

Después de haber destruido a la mayoría de buitres que habían estado atacando nuestra montaña, comenzamos a quitar los buitres que aún cubrían a los prisioneros. A medida que la nube de oscuridad comenzaba a disiparse y el sol brillaba encima de ellos, comenzaron a despertarse como si hubiesen estado en un sueño profundo; inmediatamente sintieron repulsión por su condición, especialmente por el vómito que todavía los cubría, y comenzaron a limpiarse a sí mismos.

A medida que contemplaban la Fe, la Esperanza y el Amor, también vieron la montaña y corrieron hacia ella.

La hueste maligna enviaba flechas de Acusación y Calumnia a sus espaldas, pero no se detuvieron.

En el momento en que llegaron a la montaña, muchos tenían una docena o más de flechas penetradas en ellos, sin embargo parecía que no se daban cuenta.

A medida que comenzaron a escalar la montaña, sus heridas comenzaron a sanar. Con la nube de depresión disipada todo parecía más fácil

LA TRAMPA

Los que habían sido prisioneros tenían gran gozo en su salvación.

Parecían estar sobrecogidos con aprecio por cada nivel a medida que comenzaron a escalar la montaña, lo cual nos dio un mayor aprecio de aquellas verdades.

Pronto la determinación firme de luchar contra el enemigo también surgió en los que habían sido prisioneros.

Se pusieron la armadura provista y rogaban que se les permitiera regresar para atacar al enemigo, quien los había tenido cautivos y había abusado de ellos por tanto tiempo. Pensamos acerca de esto, pero después decidimos que todos debíamos estar en la montaña para luchar. Nuevamente la voz del Señor habló diciendo:

«Por segunda vez has optado por la sabiduría. No se puede vencer si se procura luchar contra el enemigo en su propio terreno; deben permanecer en mi Monte Santo.»

Estaba aterrado de que hubiéramos tomado otra decisión importante, simplemente pensando y discutiendo brevemente. Luego

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LA BÚSQUEDA FINAL

resolví dar lo mejor de mí para no tomar otra decisión, con ninguna consecuencia sin la oración. La Sabiduría se acercó a mí rápidamente, tomó mis hombros firmemente y me miró a los ojos, diciendo: «¡Esto debes hacer!»


 

sábado, 28 de octubre de 2023

SE INICIA LA BATALLA 18-19

 LA BÚSQUEDA FINAL

Rick Joyner

1997

  Supe entonces que había hecho esto prematuramente y que había sido un error muy tonto.

SE INICIA LA BATALLA

Me di vuelta y vi el ejército del Señor de pie, detrás de mí. Había miles de soldados, sin embargo eran grandemente excedidos en número por el enemigo. Estaba conmovido y desalentado, ya que parecía que en realidad los cristianos utilizados por el malvado eran muchos más que los que había en el ejército del Señor. También sabía que la batalla que se iba a iniciar, se percibiría como La Gran Guerra Civil de los Cristianos, porque muy pocos comprenderían los poderes que estaban detrás del inminente conflicto.

A medida que observaba de cerca al ejército del Señor, la situación parecía más desalentadora. Solo un número pequeño estaba completamente vestido con su armadura. Muchos solo tenían puesta una o dos piezas de la armadura; algunos no tenían nada. Una gran cantidad ya estaba herida. La mayoría de los que tenían su armadura completa portaban un escudo muy pequeño, el cual sabía que no les protegería del ataque violento que vendría. Para mi sorpresa, la gran mayoría de estos soldados eran mujeres y niños. Muy pocos de los que estaban completamente armados se hallaban entrenados adecuadamente para usar sus armas.

 Detrás de este ejército había una multitud que los seguía, similar a los prisioneros, quienes seguían a las huestes malvadas. Pero estos eran muy distintos en naturaleza. Parecían extremadamente felices, como si estuviesen intoxicados. Estaban jugando, cantando, celebrando y deambulando de un pequeño campamento al otro. Estos me recordaron al festival de Woodstock.

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LA BÚSQUEDA FINAL

Corrí hacia el ejército del Señor para escapar del ataque violento que sabía vendría contra mí desde las huestes malvadas. Desde cualquier ángulo parecía que estábamos a punto de ser masacrados con una masacre unilateralmente. Estaba particularmente preocupado por este gentío que seguía al ejército, así que intenté levantar mi voz por encima del clamor para advertirles que la batalla iba a comenzar. Solo unos pocos podían oírme. Aquellos que respondieron me hicieron la señal de la paz con sus manos, y dijeron que no creían en la guerra, que el Señor no permitiría que nada malo les sucediera. Procuré explicarles que el Señor nos había dado armadura porque la necesitábamos para lo que iba a suceder, pero simplemente respondieron que habían venido a un lugar de paz y de gozo, donde nada podría sucederles. Comencé a orar sinceramente para que el Señor incrementara el número de escudos de aquellos con armadura, para ayudar a proteger a los que no estaban listos para la batalla.

Luego un mensajero vino a mí, me dio una trompeta y me pidióque la tocara rápidamente. Lo hice y aquellos que al menos tenían parte de su armadura puesta inmediatamente respondieron, prestando firme atención. Les trajeron más armadura y se la pusieron rápidamente. Me di cuenta que los heridos no se pusieron la armadura sobre sus heridas, pero antes que pudiera decir algo acerca de esto, las flechas del enemigo comenzaron a llover hacia nosotros. Toda persona que no tenía la armadura completa fue herida. Los que no habían cubierto sus heridas recibieron nuevas cortaduras en ellas.

viernes, 27 de octubre de 2023

LAS HORDAS DEL INFIERNO ESTÁN MARCHANDO -18-19

 LA BÚSQUEDA FINAL

Rick Joyner

1997

 Cuando uno de los prisioneros comenzó a hacer esto, un demonio que estaba esperando por un recorrido se montó sobre él y lo condujo hasta una de las divisiones delanteras.

 Peor que el vómito de los buitres era una sustancia mucosa repugnante que los demonios orinaban y defecaban encima de los cristianos sobre los cuales montaban. Esta sustancia mucosa era Orgullo, Ambición Propia, etc., naturaleza que caracterizaba la división. Sin embargo, la sustancia mucosa hacía que los cristianos se sintieran mucho mejor que la condenación que ya sentían, de manera que fácilmente creían que los demonios eran mensajeros de Dios y estaban convencidos que esta sustancia mucosa era la unción del Espíritu Santo.

 Me había sentido tan asqueado por el ejército malvado que quería morir.

  Luego la voz del Señor vino a mí diciendo: «Este es el comienzo del último ejército del enemigo. Este es el engaño final de Satanás. Su último poder de destrucción se desencadena cuando utiliza a los cristianos para atacarse unos a otros. A lo largo de la historia él ha empleado este ejército, pero nunca ha podido utilizar a tantos para sus propósitos malvados como lo está haciendo ahora.

 No temas; yo también tengo un ejército. Debes ponerte de pie y luchar, porque no hay ningún lugar para esconderse de esta guerra.

Debes luchar por mi reino, por la verdad y por aquellos que han sido engañados.»

 La palabra del Señor fue tan motivadora que inmediatamente comencé a gritar llamando la atención de los prisioneros cristianos, diciéndoles que estaban siendo engañados, creyendo que me iban a escuchar.

 Cuando lo hice pareció que todo el ejército se volteó a mirarme, y el temor y la depresión que estaba sobre ellos comenzó a venir en contra mía.

  Continué gritando porque pensé que los cristianos se despertarían y se darían cuenta de lo que les estaba sucediendo, pero por el contrario, muchos de ellos comenzaron a buscar sus flechas para dispararme. Los otros simplemente se detuvieron como si no supiesen qué hacer o pensar de mí.

LAS HORDAS DEL INFIERNO ESTÁN MARCHANDO 17-18

LA BÚSQUEDA FINAL

Rick Joyner

1997

 LAS HORDAS DEL INFIERNO ESTÁN MARCHANDO

Los prisioneros

Siguiendo tras las primeras divisiones estaba una multitud de cristianos, quienes eran prisioneros del ejército. Todos ellos estaban heridos y eran vigilados por pequeños demonios del temor. Parecía que había más prisioneros que demonios en el ejército. Sorprendentemente, estos prisioneros tenían sus lanzas y sus escudos, pero no los usaban. Era impresionante ver que muchos eran mantenidos cautivos por unos pocos y pequeños demonios de temor muy pequeños

y escasos. Si los cristianos solo hubieran usado sus armas, fácilmente hubiesen podido librarse y, probablemente, hacerle daño a la hueste entera del mal. Por el contrario, marchaban sumisos.

 Encima de los prisioneros, el cielo estaba negro de buitres, llamados Depresión. Ocasionalmente estos aterrizaban sobre los hombros del prisionero y vomitaban sobre él. El vómito era Condenación.

Cuando el vómito caía sobre un prisionero este se ponía de pie y marchaba un poco más recto por un tiempo; luego se doblaba con mayor debilidad que antes. Nuevamente, me preguntaba por qué los prisioneros no mataban a estos buitres con sus lanzas, lo cual hubieran podido hacer fácilmente.

 Ocasionalmente, los prisioneros más débiles tropezaban y caían. Tan pronto golpeaban el piso, los otros prisioneros comenzaban a enterrarles sus espadas y al mismo tiempo los despreciaban.

Los buitres venían y comenzaban a devorar a aquellos que habían caído, incluso antes que estuviesen muertos. Los demás prisioneros cristianos se paraban a su lado mirando esto con aprobación y punzando ocasionalmente con sus espadas a los caídos.

 A medida que observaba me di cuenta que estos prisioneros pensaban que el vómito de la condenación era verdad de Dios. ¡Luego comprendí que los prisioneros realmente creían que estaban

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LA BÚSQUEDA FINAL

marchando en el ejército de Dios! Este es el motivo por el cual no mataban a los pequeños demonios de temor, ni a los buitres; ¡pensaban que estos eran mensajeros de Dios! La oscuridad de la nube ocasionada por los buitres tornaba difícil que los prisioneros vieran que estaban aceptando ingenuamente todo lo que les sucedía, como si viniese del Señor. Creían que aquellos que se tropezaban estaban bajo el juicio de Dios, motivo por el cual los atacaban así. ¡Creían estar ayudando a Dios!

El único alimento provisto para estos prisioneros era el vómito de los buitres. Aquellos que se rehusaban a comerlo simplemente se debilitaban hasta caer. Los que lo comían eran fortalecidos durante un tiempo, con la fortaleza del maligno. Luego se debilitaban, a menos que tomaran de las aguas de Amargura que continuamente se les ofrecía.

 Después de tomar de las aguas amargas comenzaban a vomitar sobre otros.

 

EL HOMBRE QUE RECOBRÓ LA VISTA POR UN RAYO

 Viernes, 18 de diciembre de 2020

EL HOMBRE QUE RECOBRÓ LA VISTA POR UN RAYO

Lunes, 8 de enero de 2018

EL HOMBRE QUE RECOBRÓ LA VISTA Y LA SALUD POR UN RAYO 

Vivía en un mundo de oscuridad, silencio y dolor. 

Hasta que un dia llegó el resplandor de un relámpago, el estruendo de un rayo

...Y LA LUZ SE HIZO

POR EMILY Y PER OLA D'AULAIRE

EN El, camino, los parches de hielo refulgían como placas de mercurio por el reflejo de las luces de los faros conforme "Eddie" Robinson, de 53 años, conducía su camión remolque de 19 toneladas, seguía la ruta interestatal 95 cerca de  Providence, en el estado norteamericano de Rhode Island. Eran las 4 de la madrugada del 12 de febrero de 1971. Al cruzar un puente, el automóvil que lo precedía patinó de repente y quedó atravesado en la carretera. Robinson giró el volante a la derecha esperando alcanzar a pasar entre el auto y la barandilla del puente. Por el espejo retrovisor vio que su remolque comenzaba a torcerse hacia afuera de la carretera, la primera etapa de una terrible amenaza. 

El conductor del automóvil consiguió enderezarse a tiempo, pero la cabina del camión de Robinson derribó la barandilla y quedó suspendida en el aire, prendida del perno del remolque a doce metros de altura sobre otra carretera. Robinson había sido lanzado hacia atrás con tal violencia que rompió el vidrio posterior con la cabeza haciéndose algunas heridas. Empapado de sangre y del combustible Diesel que chorreaba el tanque horadado, tuvo un solo pensamiento: salir a toda prisa. Consiguió abrir la puerta y trepar por el costado de su vehículo hasta el puente donde se tendió.En un hospital cercano los doctores le suturaron las heridas, le tomaron radiografías, lo auscultaron centímetro a centímetro, le administraron algunos medicamentos y lo felicitaron por su buena suerte. Sus heridas sólo eran superficiales. Al día siguiente a las 11 de la mañana viajaba en un autobús para regresar a su casa en Falmouth, Maine, un suburbio de Portland.Esa noche Robinson se sentó en la cama quejándose de un dolor intenso. Su esposa Doris, de 32 años, lo llevó en la mañana siguiente a un médico de la localidad. Robinson le explicó que lo habían examinado con cuidado en el hospital y que no le habían encontrado lesión interna alguna, así que el médico dedujo que el dolor era producto de los golpes. Le recetó más analgésicos y lo envió a su casa a descansar.Agradecido por la vida. Unos días más tarde llegó una carta del hospital, en la cual se le informaba que hubo cierta confusión al interpretar sus radiografías. Los médicos sospechaban que podría haber una lesión más grave y recomendaban un nuevo examen. Las placas nuevas revelaron conmoción cerebral, costillas fracturadas, distensión dorsal y hematoma en la cadera izquierda. Robinson no era propenso a quejarse. Descansó y aguardó con paciencia una mejoría para volver a trabajar.Sin embargo, su salud empeoró. Su visión disminuyó. En ocasiones el mundo pareció desaparecer delante de sus ojos y tuvo la sensación de perder el conocimiento. Un día entró trastabillando a la casa y bastante alterado dijo a su esposa: "Por un minuto dejé de ver la casa entera. Creo que me voy a quedar ciego".Un oftalmólogo de Portland, el Dr. Albert Moulton, hijo, comprobó que la vista de Robinson se iba perdiendo con rapidez y lo atribuyó a un daño cerebral. Le dijo que era probable que en unos cuantos meses se quedara ciego por completo. Robinson tomó con calma la noticia. Al regresar a su casa llamó a la Escuela Hadley para Ciegos en Wínnetka, en el estado norteamericano de Illinois, e hizo arreglos para recibir lecciones de Braille y mecanografía al tacto en su domicilio. Para diciembre de 1971 sólo podía distinguir la diferencia entre luz y sombra. Sus brillantes ojos azules habían quedado fijos e inexpresivos, como los de un muñeco, que aparenta estar mirando hacia adelante.No tardaron en aparecer otros problemas. Perdió gran parte del movimiento de su brazo derecho y para leer Braille tuvo que emplear la mano izquierda. Asimismo, todo ese tiempo sentía un círculo de presión que ceñía su cabeza, como una banda de acero.Luego comenzó a perder el oído' hasta que no pudo escuchar a Doris ni siquiera cuando le hablaba a gritos. Un audífono especial le ayudó un poco, pero no era igual que antes. Se sintió atrapado. Siempre había sido un hombre activo y a menudo trabajaba 70 horas a la semana. Ahora todo era oscuridad y silencio.Para conservar el ánimo, el fornido camionero concentró su pensamiento en la gratitud por el mero hecho de estar vivo. Se consolaba con la idea de que, no importaba la magnitud de su tragedia, había en el mundo otros seres menos afortunados que él.

Animales amigos. Empezó a concurrir a la iglesia luterana que estaba frente a su casa y dejó de sentirse acorralado. Volvió a experimentar la sensación de tranquilidad que solamente proviene del interior de uno mismo.
Robinson detestaba que Doris tuviera que ocuparse de sus tareas, de manera que aprendió a realizar quehaceres fuera del hogar, mediante el tacto y la memoria. Amarró una soga en un poste colocado en medio del jardín y la fue enrollando, después ató el otro extremo a su podadora de césped y siguiendo una
trayectoria en espiral a medida que la cuerda se desenrrollaba pudo cortar casi todo el pasto. Reparó una gotera en el techo de su casa, como pudo subió por una escalera y tocando las tejas fue localizando las estropeadas.
Nunca había dejado tiempo para los animales. Ahora comenzaba a percatarse de su presencia mientras se distraía con algún trabajo en la cochera. Alguna cualidad en el hombre ciego hizo que pájaros, ardillas, mofetas y mapaches perdieran su miedo y comenzaran a acercársele. Robinson les hablaba y los animalitos contestaban en su lenguaje. Les traía alimento que ellos comían de su mano.
Una fría tarde de invierno, casi un año después del accidente, un camión que trasportaba aves de corral se volcó en una carretera cercana. Una gallina pigmea escapó de su jaula y llegó al patio de Robinson. Cuando él y Doris la encontraron, a la mañana siguiente, tenía las patas congeladas, la recogieron y la llevaron al sótano para calentarla. Cuando la criatura cloqueaba Robinson le respondía con un tuc-tuc, y este fue su nombre.
Tuc-Tuc se convirtió muy pronto en la favorita de Robinson. Le construyó una casita apoyada contra una pared y una intrincada serie de pasadizos cubiertos para que pudiera entrar al garaje y hacerle compañía. Como él, la gallina había tenido que sobreponerse a la adversidad. Después que sus dedos congelados se desprendieron aprendió a caminar con sus muñones, esto no impedía que fuera como un ave normal.
"¡Puedo ver!

En un día del invierno de 1975, después de quitar la nieve de la entrada de su casa, Robinson tomó su cena y se fue a la cama. Esa noche lo despertaron lo que él llama "destellos de luces neón a través de mi pecho". Los síntomas indicaban problemas cardiacos, fue hospitalizado casi un mes con el fin de ser observado. Regresó a su casa dolorido. El menor esfuerzo le causaba molestias en el pecho y los brazos. Incluso un ejercicio como el de subir la escalera del sótano lo obligaba a tomar una pastilla de nitroglicerina.
Sin embargo, Eddie se rehusó a modificar su rutina cotidiana de trabajar en el taller de su garaje, escuchar sus aparatos de radioaficionado y caminar hasta el pueblo con Doris. Y como lo había hecho cada noche desde que perdió la vista, salió al patio y elevó una plegaria de agradecimiento. "Me di cuenta de que no sabemos apreciar las cosas maravillosas que ocurren a nuestro alrededor cada día. Vivimos con demasiada prisa. Yo reduje el paso para disfrutar mi vida y estaba agradecido".
Lo que no sabía en ese momento era que pronto tendría algo más por qué dar gracias. El miércoles 4 de junio de 1980 a las 3:30 de la tarde, Robinson estaba entretenido en el garaje cuando escuchó el fragor de un trueno y el ruido repentino de la lluvia sobre el techo. Tomó su Bastón para guiarse en torno a la pared exterior del garaje y salió en busca de Tuc-Tuc. Suponía que no estaría bajo la tormenta, pero le preocupaba. Se detuvo cerca de un chopo detrás del edificio para escuchar si el animalito contestaba a sus llamados, entonces oyó un estrépito como el chasquido de un látigo. El árbol había sido alcanzado por un rayo y la descarga eléctrica se propagó por el suelo hasta el lugar en que se hallaba Robinson y lo derribó dejándolo inconsciente.
Veinte minutos después, cuando recobró el conocimiento, caminó tambaleante a la casa de un vecino y pidió un vaso de agua. "Creo que he sido alcanzado por un rayo", dijo todavía aturdido. Las rodillas apenas lo sostenían pero pudo regresar a su casa, donde bebió varios vasos de agua más y se fue a acostar.
Una hora después Robinson salió del dormitorio atormentado aún por una sed insaciable. Contó a Doris lo que le había ocurrido, bebió un par de litros de leche y se dejó caer en el sofá. De pronto se dio cuenta que veía en la pared la pequeña placa inscrita que le habían regalado sus nietos. "Dios no puede estar en todas partes y por eso creó abuelos", leyó con voz entrecortada.
—¿Qué dijiste? —preguntó Doris desde la cocina.
¡Puedo ver ese letrero! —exclamó Robinson.
Incrédula, su esposa corrió hasta la sala.
—¿Qué hora es? —le preguntó, y señaló el reloj de pared.
—Las 5 —contestó—. ¡Doris, puedo ver!
Su esposa notó algo más.
—¿Dónde está tu audífono? --preguntó excitada. Robinson se llevó una mano a una oreja, pero el aparato no estaba allí.
¡Dios Santo —exclamó emocionado, también puedo oír!
Celebridad instantánea. El hombre de 62 años sentía un gran cansancio y dolores en todo el cuerpo. Temerosa de que el rayo pudiera haberle causado algún daño Doris le telefoneó a un doctor para que lo revisara. El así lo hizo y le recomendó que si era necesario llamara al servicio de emergencia en la noche; le dijo además que fueran a su consultorio en la mañana. Doris pasó esa noche en vela observando la respiración de su marido, todavía sin poder creer lo que les había ocurrido.
Al día siguiente el médico lo declaró en perfecto estado de salud. Y cuando el Dr. Moulton examinó sus ojos verificó lo imposible. "No puedo explicarlo", dijo. "Sólo sé que no podía ver en absoluto y ahora puede".
Ese domingo en la iglesia, Eddie pidió permiso al ministro para dirigir unas palabras a la congregación. Desde el accidente lo acompañaba hasta el altar su esposa o un amigo. Pero esa ocasión, cuando el ministro lo invitó a acercarse, Eddie avanzó por la nave con pasos de baile —su versión de una giga irlandesa— para pronunciar en voz alta una plegaria que terminó así: "Y tengo tres palabras más que agregar, Señor: Te agradezco. Amén".
Entre tanto, las agencias de noticias divulgaron el caso y, poco menos que de la noche a la mañana Robinson se convirtió en una celebridad. Recibió llamadas de los periódicos pidiendo entrevistas, vinieron fotógrafos a Falmouth para retratarlo con su gallinita y después llegaron las cámaras de televisión.
Robinson descubrió en forma inopinada que ya no tenía la mirada fija hacia adelante y que sus ojos se habían abierto. Más adelante, durante una visita a su hijo y nietos, en el estado norteamericano de Virginía, notó que comenzaba a tener sensibilidad en su brazo derecho. De hecho, se sintió tan bien que hasta cortó el césped de la casa de su hijo. "No he tenido ningún dolor ni he necesitado ninguna píldora para el corazón desde el día del rayo", comentó.
La terrible banda de dolor en torno a su cabeza desapareció. Las venas varicosas de su pierna derecha ya no estaban alteradas.
Los MÉDICOS que han examinado a Robinson no se explican por qué disminuyeron sus problemas físicos inmediatamente después de ser afectado por la descarga eléctrica, y se preguntan si su ceguera y sordera fueron en realidad causadas por un daño cerebral. ¿Habrán sido acaso una reacción sicológica provocada por el trauma del accidente del camión? ¿Fue la descarga la que volvió a poner cada cosa en su lugar -Aunque hay quienes pueden polemizar sin encontrar una explicación lógica al restablecimiento de Rddie,él y sus familiares no tienen alguna. "Es un acto de Dios" dice con sencillez Robinson. "¿Qué otra cosa podría ser?"
además de sus presentaciones en teleevisión Eddie ha dado pláticas a los estudiantes acerca de lo que signica estar ciego, su enfoque es alguien que después de esa experienncia tuvo el privilegio de volver. "He visto más cosas en en los últimos meses que en toda mi vida", les dice. "Ahora aprecio las maravillas cotidianas de la vida: la luz de la Luna filtrada a través de las hojas; las flores en el jardín, un gusano que teje su capullo.
"Lo que es más, nunca abandoné la esperanza, y quizá lo que me ocurrió a mí le dará valor a otros para no darse jamás por vencidos". Sus sentimientos acerca de la odisea probablemente no podrán ser mejor resumidos que en la inscripción de un cartel pegado en el parachoques de su automóvil: GRACIAS A Dios
POR LOS MILAGROS.

 SELECCIONES DEL READER'S DIGEST Mayo de 1981

SE ROMPIERON LAS CADENAS 11-12

 SE ROMPIERON LAS CADENAS

libro autobiográfico del ex-sacerdote

Herman J. Hegger

Yo también conseguí ayudar a misa. No fue cosa fácil, porque el herrero se hacía rogar. Lo conseguí un día que lo sorprendí en la puerta de la Iglesia; dirigí a él mis ojos con mirada tan suplicante, que por fin cedió.

Ayudar a misa era una tarea que los demás envidiaban. Se aprendía bellas frases latinas; se podía tocar la campanilla casi a voluntad y se podían poner a prueba las fuerzas propias en el traslado del misal. Especialmente los días festivos, esto resultaba un magno acontecimiento. Entonces vestíamos sotanas bellas y fajines de seda roja. Durante la Semana Santa, después del Gloria del jueves, recorríamos las calles con una carraca para anunciar el ángelus, porque a partir de aquel momento las campanas no podían sonar más. Todas ellas, en efecto, se habían ido a Roma, si era verdad lo que se nos decía.

Sufrí mucho en aquella capilla. Tenía un viejo altar de estilo barroco presidido por un cuadro de Cristo crucificado, desnudo hasta la cintura. Yo creía que era una irreverencia contemplar el ombligo del Señor y apartaba avergonzado mis ojos del cuadro. Pero era tan grande y estaba tan céntricamente situado que siempre mis ojos tropezaban con él. Fue un gran combate el que hube de librar. No es que la imagen produjera en mí la menor idea sexual; pero el temor de mirar a Jesús con miradas poco castas me llenaba de espanto y de turbación. Llegué incluso a sentir repugnancia física en la boca y hasta en el estómago. Nunca revelé a nadie esta angustia. Como una muda bestezuela aguanté diariamente estas ansiedades y estos tormentos. ¿Pasaron otros por esta misma experiencia? Lo ignoro.

Yo era de un talante muy religioso. Recuerdo que un día, el más pequeño de mis hermanos se mofó del Nombre de Jesús. Estaba tendido sobre la cama, porque aun no iba a la escuela. Juzgué espantoso su atrevimiento. ¿Cómo osaba hablar así? Le hice vivos reproches pero él continuó la burla, irreverente, sin inquietarse por mis palabras. En otra ocasión en que me hallaba jugando con un mozalbete de mi misma edad, al ver que tenía todas las de perder, lancé defectuosamente la bola. Irritado pronuncié un juramento. Inmediatamente, me encogí aterrado. Mi compañero observó mi abatimiento, y aunque él tenía la costumbre de jurar hasta blasfemar pareció adivinar que una simple palabrota era para mí mucho más terrible que para él una grosera blasfemia. Se me acercó y mirándome me dijo: <¡Tú no puedes jurar!> A pesar de sus frecuentes blasfemias no pude replicarle. Creí que Dios me habló por su boca y comprendí que era grosero, vulgar y feo jurar por una simple jugada desafortunada.

Yo no era mejor ni peor que los demás, pero tenía una conciencia muy sensible al pecado. Desde luego aspiraba sinceramente a la santidad, especialmente después de haber leído varias vidas de santos. Tras la lectura me volvía extremadamente servicial y obediente. Hacía el signo de la cruz con mucho respeto y compostura.. Ayudaba a mi madre en su trabajo y ordenaba el granero. Un día en que me hallaba trabajando en él a la hora del ángelus, sonó la campana de la Iglesia. Antiguamente existía la costumbre de suspender en esos momentos el trabajo para elevar al cielo una plegaria, pero la costumbre había caído en desuso y yo la conocía sólo a través de la lectura de los libros piadosos. No obstante, en aquella ocasión interrumpí mi trabajo,

uní mis manos y, sentado sobre un saco de harina recité una oración. En general esos periodos de extrema piedad no eran muy perdurables. Una mofa por parte de alguno de mis hermanos bastaba para derribar por tierra, como un castillo de naipes, todas mis buenas disposiciones en este sentido.

Fundatión En la Calle Recta (ECR)

Se Rompieron las Cadenas 12 Herman J. Hegger

jueves, 26 de octubre de 2023

LAS HUESTES DEL INFIERNO ESTÁN MARCHANDO 15-17

 LA BÚSQUEDA FINAL

Rick Joyner

1997

15-17

Este ejército marchaba específicamente en contra de la Iglesia y atacaba a todo aquel que podía. Yo sabía que estaba buscando un derecho preferencial para ganar terreno en una movida futura por parte de Dios, destinada a movilizar al pueblo para entrar a la Iglesia.

La estrategia primaria de este ejército era la de causar división en todas las escalas posibles de relaciones —iglesias unas con  otras, las congregaciones contra sus pastores, entre los esposos, hijos contra sus padres, e incluso niños entre sí. Los centinelas fueron enviados para ubicarse en las entradas de las iglesias, de las familias o de los individuos, allí donde el Rechazo, Amargura, Lujuria,  etc. pudieran explotar y hacer rupturas mayores. Luego las siguientes divisiones se filtrarían a través de estas rupturas, para vencer a sus víctimas por completo.

 La parte más sorprendente de esta visión fue que este ejército no estaba montado sobre caballos, ¡sino principalmente sobre cristianos!

La mayoría de ellos estaban bien vestidos, eran respetables y tenían la apariencia de ser refinados y educados, pero también parecían representar casi todo camino de vida. Estas personas profesaban verdades cristianas para apaciguar sus conciencias, pero vivían conforme a los poderes de la oscuridad. A medida que se ponían de acuerdo con aquellos poderes, los demonios asignados a ellos crecían y dirigían más fácilmente sus acciones.

 Muchos de estos creyentes eran anfitriones de más de un demonio, pero había uno que obviamente estaba al mando. La naturaleza del líder dictaminaba cuál división estaba entrando. Aunque todas las divisiones marchaban juntas, también parecía que al mismo tiempo el ejército entero estaba al punto del caos. Por ejemplo, los demonios del odio odiaban a los otros, tanto a los demonios como a los cristianos. Los demonios de los celos estaban celosos unos de otros. La única manera en que los líderes de esta multitud mantenían

a los demonios alejados de las peleas entre ellos era enfocando aquel odio, aquellos celos, etc. en contra de las personas sobre las cuales cabalgaban. Sin embargo, estas personas con frecuencia terminaban peleando. Supe que de esta manera algunos de los ejércitos que habían estado en contra de Israel en las Escrituras, se habían destruido a sí mismos. Cuando su propósito en contra de Israel se había frustrado, su ira llegó a ser incontrolable y simplemente comenzaron a pelear unos contra otros.

 Observé que los demonios estaban montando encima de los cristianos, pero no estaban dentro de ellos, como en el caso de los no  . Era obvio que estos creyentes solo debían dejar de estar de acuerdo con los demonios para poderse liberar de ellos. Por ejemplo, si el cristiano sobre el cual un demonio de celos estaba montado, comenzaba a cuestionarlo, este se debilitaba muy rápidamente. Cuando esto sucedía, el demonio que se estaba debilitando gritaba y el líder de división dirigía a todos los demonios en torno al cristiano para atacarlo, hasta que la amargura, etc. se acumulara en él nuevamente.

 Si esto no funcionaba, los demonios comenzaban a citar porciones de la Escritura y la tergiversaban, de tal manera que se justificara la amargura, las acusaciones, etc.

Era claro que el poder de los demonios estaba arraigado casi completamente en el poder de la decepción, sin embargo habían engañado a estos cristianos hasta el punto en que los podían usar y hacerlos creer que estaban siendo usados por Dios. Esto se debía a que los estandartes de Autojusticia estaban siendo cargados por la mayoría de los individuos, de manera que aquellos que marchaban no podían siquiera ver las banderas que marcaban la verdadera naturaleza de estas divisiones.

 Cuando miré a lo lejos, al fondo de este ejército vi el séquito del mismo Acusador. Comencé a comprender su estrategia y estaba sorprendido de que fuera tan simple. Él sabía que una casa dividida no podía permanecer firme, y este ejército representaba un intento de traer tal división a la Iglesia, que ella podía caer por completo de la gracia.

 Aparentemente, que la única forma en que él podía hacer esto era usando a los cristianos para guerrear en contra de sus propios hermanos, y este es el motivo por el cual casi todos  en las divisiones frontales eran cristianos, o por lo menos profesaban serlo. Cada paso que estos creyentes engañados tomaban en obediencia al Acusador, fortalecía el poder de este sobre aquellos.

 Esto hacía que su confianza y la de todos sus comandantes creciera con el progreso del ejército a medida que este marchaba. Era evidente que el poder de este ejército dependía de que los cristianos estuviesen de acuerdo con los métodos del mal.


 

ENTRADA DESTACADA

ANÁLISIS IMPARCIAL DEL CATOLICISMO *PHILIPS* 1-8

   EL CATOLICISMO ROMANO   ANÁLISIS EXAMEN IMPARCIAL   DE LAS AFIRMACIONES CATÓLICAS ROMANAS POR J. A. PHILLIPS NEW YORK CHICAGO TORON...