martes, 11 de agosto de 2026

ANTIGÜEDADES DE LA REPÚBLICA HEBREA *LEWIS* i.vi

***Ayer, 10 de Agosto, en horas de la mañana, surgió en mi mente, el deseo de saber o investigar,  acerca del origen de  los saduceos, y encontré algo sobre el tema; y como decía mi abuelo, “Todo está en comenzar”, de  tal forma una cosa conduce a otra.

Iba a publicar  el cap. 23 de un libro, pero hoy, Martes 11 de de Agosto, //2.30 am madrugada//  publico el prefacio, y lo que me llama la atención en estos momentos, porque considero que nos ayudan a ir entendiendo y avanzando cada día,  mas y mas en los estudios bíblicos. Atte. El autor del blog.***

****Creo personalmente que  el conocimiento y la educación gratuita,

debe ser  un privilegio, y “enseñar es mi obligación social y moral”.

**Todas las Publicaciones en este espacio son para enseñar y educar

 a la humanidad, y en especial al pueblo hispanamericano.

*y no generan ningún centavo de ganancia al autor del blog*

hago esta labor por agradecimiento al que  sacrificó su vida en la cruz, por salvarme,  y   al servir a  mi prójimo siento satisfacción espiritual grande.

“Cada persona es responsable delante de Dios, como lee

, como interpreta, como cree,

y como incorporará  este conocimiento

                                      a su vida espiritual  *El autor del blog*

BIBLIOTECA MÉDICA HISTÓRICA

ORÍGENES HEBREOS

LAS ANTIGÜEDADES DE LA REPÚBLICA HEBREA

POR THOMAS LEWIS, M.A

NUEVA EDICIÓN,

EN TRES VOLÚMENES.

VOL. I.

OXFORD IMPRESIÓN UNIVERSITARIA.

1855

ANTIGÜEDADES DE LA REPÚBLICA HEBREA  *LEWIS* i.vi

PREFACIO

Creo que sería injusto censurar severamente esta obra, a menos que se observe una clara desproporción entre el propósito y las habilidades del autor, o un notorio defecto de método y orden en su ejecución.

 Pues, para hacer plena justicia a un tema tan divino y extenso, para explicar con erudición y discernimiento las antigüedades de la república hebrea, tan reconocida por parte de la humanidad, lejos de carecer de fundamento, aporta grandes avances a la historia de la naturaleza humana y, admirablemente, sirve a los intereses del cristianismo mismo.

Tanto es así que intentar comprender las doctrinas y la disciplina del evangelio sin indagar en las costumbres y ceremonias de la ley es una empresa absurda que inevitablemente conducirá a la ignorancia y la decepción: por ejemplo, ¿cómo se pueden comprender los méritos de la muerte y los sufrimientos del Mesías sin indagar en el sistema de los sacrificios legales?

 ¿Y cómo puede el estudiante más sagaz de teología concebir el verdadero sentido de la elocuente Epístola a los Hebreos, a menos que también se haya familiarizado plenamente a los escritos de Moisés?

Ahora bien, si mi capacidad ha estado a la altura de la tarea, debería ser determinada adecuadamente por aquellos que se han dedicado a los mismos estudios, que han examinado a fondo los textos insustanciales y conocen las absurdas fábulas, la afectada oscuridad y los inexplicables enigmas de los doctores judíos; y tales tendrán la franqueza de considerar cuán largo, inexplorado y casi imperceptible es el camino, que los guías para orientarnos son pocos, su lenguaje tosco y temible, su método tan confuso, su materia tan vacía y filosófica, tan repleta de nimiedades, como si nunca debieran ser leídas, y de oscuridades, como si nunca hubieran sido concebidas para ser comprendidas.

Además, ¡cuán confusas y casi ininteligibles resultan algunas partes de la ley levítica tal como se presenta! ¡Cuántas aparentes contradicciones en muchos pasajes, cuántas transiciones repentinas y abruptas, cuántas repeticiones frecuentes y otras circunstancias desalentadoras recorren toda la obra! Así pues, no sorprende que //yo// fracase en el manejo de un tema tan complejo; ni preveo que se derive de ello un gran escándalo o descrédito.

En resumen, quienes examinen los siguientes volúmenes en busca de fallos reales y planteen objeciones pertinentes, estoy seguro de que los encontrarán en abundancia, y me alegraría verlos corregidos; pero a quienes se atrevan a encontrar fallos donde no los hay, y sin poder juzgar la obra la condenen por una supuesta mezquindad e insignificancia del autor, desprecio la grosería y la malicia de tal trato, teniendo presente la antigua máxima:

Hi pre ceteris solent aliena liberius carpere, qui nihil

proprium ediderunt.//Aquellos que no han producido nada propio, están acostumbrados a tomar prestadas las cosas de los demás con más facilidad que los demás.//

Pero, independientemente de los errores que //yo// haya cometido y de las cualificaciones que haya deseado, tiendo a creer que el método de disposición de los materiales es regular e irreprochable; porque no participé en la concepción del modelo, sino que seguí el orden generalmente observado por todos aquellos que han escrito con éxito sobre este tema.

Las fuentes de las que se han extraído estas recopilaciones son numerosas y de diversa índole; pues he recurrido libremente a toda la ayuda que he podido obtener, en todos los idiomas que comprendía o en los que podía conseguirla, tanto de autores antiguos como de escritores más modernos y de estilo uniforme.

Los dos Talmud, el de Babilonia y el de Jerusalén, por contener la esencia de la divinidad judía y tratar la religión y las ceremonias de esa nación, han sido consultados y utilizados, pero con gran cautela y reserva.

 Debido a la gran intolerancia y necedad, a la mezcla de fariseísmo, alegoría y superstición tradicional que prevalece en esas paráfrasis, la dificultad radicaba en discernir qué era apropiado insertar y qué iluminaría con mayor claridad la revelación, sin mezclar las nimiedades ociosas y las ridículas glosas de los rabinos con la pureza, la majestad y el testimonio divino de las Escrituras.

Entre los rabinos, Maimónides, el gran oráculo de los judíos, ha sido citado en numerosas ocasiones; un autor, como observa Cunaeus, digno de nuestra más alta alabanza; el único hombre de esa nación que tuvo la fortuna de comprender lo que significa escribir con seriedad y con un propósito.

La organización civil y eclesiástica de los hebreos se basa en los breves tratados de Bertram, Sigonius y Cunaeus .

He agradecido a Braunius la descripción de las vestimentas pontificias y sacerdotales; a Buxtorf, principalmente, la descripción del tabernáculo y el culto de la sinagoga; para el estudio del primer templo, a Ribera y a Arias Montano; y del segundo, //templo// a un compatriota nuestro, el juicioso e incansable Lightfoot, fuente inagotable de conocimiento oriental, sin cuya labor me habría sido imposible abordar este tema. Del Dr. Outram he tomado la descripción de los sacrificios y ritos sacrificiales entre los hebreos.

He recibido mucha información de Josefo, Schickard, Menoquio, Leusden, Hospiniano y Reland; y me han ayudado enormemente el Mr. Weemse, el Sr. Godwyn, el Sr. Broughton, el Sr. Ainsworth, el Sr. Selden, el Sr. Mede, el Sr. Thorndike, el obispo Kidder, el obispo Patrick en sus excelentes Comentarios, y el Dr. Prideaux en estas eruditas obras.

De estos y muchos otros he recopilado las antigüedades que siguen, siempre tomándome la libertad de traducir, imitar o incluso introducir literalmente cualesquiera partes de ellas, si las encontraba realmente útiles para el uso o el embellecimiento del propósito; pues jamás podría encontrar ningún mérito ni astucia en variar el estilo y el sentido de un autor, con el único fin de ocultar la ignorancia del transcriptor o de quebrantar una obligación de gratitud que debería confesarse a toda la humanidad. Tras este relato pomposo, //explicación// es posible que las expectativas del lector aumenten, y por ello estoy dispuesto a reconocer tanta ignorancia e inadvertencia como la que pueda exigirme la persona más malintencionada; y entre muchas otras, percibo una gran imperfección en esta --_*//mi//*_  obra, derivada de la falta de láminas y tablas para ilustrar la variedad de edificios, utensilios, etc., que quizás permanezcan oscuros a pesar de todos los esfuerzos por explicarlos. Sin embargo, hay que reconocer que describir estructuras, lugares y objetos a distancia y sin ver es una tarea difícil, y era consciente de lo insignificante que resultaría esta obra, y por lo tanto habría sido vil e infiel haber inducido a los responsables a tal gasto.

lunes, 10 de agosto de 2026

PROFECÍA EN EL " BANQUILLO Y EN LA MORGUE" *1-5

 ****Creo personalmente que  el conocimiento y la educación gratuita, debe ser  un privilegio, y “enseñar es mi obligación social y moral”. **Todas las Publicaciones en este espacio son para enseñar y educar * a la humanidad, y en especial al pueblo hispanamericano.

*y no generan ningún centavo de ganancia al autor del blog*

hago esta labor por agradecimiento al que  sacrificó su vida en la cruz, por salvarme,  y   al servir a  mi prójimo siento satisfacción espiritual grande.

“Cada persona es responsable delante de Dios  como lee

, como interpreta, como cree,

y como incorporará  este conocimiento

a su vida espiritual”

BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE CALIFORNIA

DANIEL EN LA GUARIDA DE LOS CRÍTICOS

UNA RESPUESTA AL

“LIBRO DE DANIEL” DE DEAN FARRAR

POR ROBERT ANDERSON,

LL.D. ABOGADO; COMISIONADO ADJUNTO DE POLICÍA DE LA METRÓPOLIS

LONDRES

1895

PROFECÍA  EN EL BANQUILLO Y EN LA MORGUE *1-5

PREFACIO

 La controversia de Daniel ha sido considerada dominio exclusivo del filólogo. ¿Quién, sino él, está capacitado para determinar a qué época debe asignarse cualquier porción de las Escrituras Hebreas? Sin embargo, esta afirmación se basa en una falacia.

Toda la cuestión gira en torno a un simple hecho:

"¿Existía el libro antes de la época de Antíoco?".

Si esto se decide afirmativamente, su carácter profético es incuestionable; y esto, a su vez, implica prácticamente admitir que es obra del Daniel del Exilio.

Y un asunto de este tipo exige una investigación esencialmente judicial.

 Un juez experimentado, con un jurado inteligente, acostumbrado a analizar y sopesar testimonios contradictorios, sería aquí un tribunal más apropiado que cualquier comité de especialistas, por muy eminente que sea.

El filólogo solo puede aportar una parte, y esa no es ni mucho menos la parte más importante, de la evidencia necesaria. Y si un solo hecho bien comprobado es incompatible con la teoría que defiende, el hecho debe prevalecer. Pero el especialista, como es proverbial, tarda en reconocer esto.

 Cualquiera que sea el tema de la investigación, tiende a exagerar la importancia de su propio testimonio y a mostrar impaciencia cuando se le concede el peso legítimo a la evidencia de otro tipo. Además, en ningún otro lugar, esta tendencia es más marcada que entre los críticos.

Unas palabras sobre el tono y la manera de la respuesta ofrecida aquí al reciente trabajo del Decano de Canterbury. **1. La Biblia del Expositor: El Libro de Daniel. Por F.W. Farrar, D.D., F.R.S. (Hodder & Stoughton, 1895).***El carácter del ataque ha influido, naturalmente, en el espíritu de la defensa. Un tratado de otro tipo —como, por ejemplo, el del profesor Driver o el del profesor Cheyne, ambos tan notablemente moderados y justos— invitaría a la discusión en un tono de serenidad filosófica. Pero mantener tal actitud mental al tratar el libro que se reseña a continuación delataría una deficiencia sin sentido.

Respecto a algunos de los defectos que marcan este volumen, el autor solo puede apelar a la indulgencia del lector. En una vida de trabajo particularmente absorbente y estresante, las horas que bien podrían dedicarse al ocio o al descanso no son precisamente las más adecuadas para tal tarea.

 Pero el resultado quizás pueda aceptarse por el momento, hasta que alguna pluma más digna supla una necesidad que el libro del Dr. Farrar ha puesto de manifiesto. Solo resta añadir que estas páginas se basan en el artículo del autor publicado en la revista Black Wood's Magazine de abril de 1895.

 39 Linden Gardens, W.

 14 Octubre de 1895.

CAPÍTULO I

DANIEL EN LA GUARIDA DE LOS CRÍTICOS

Para "toda persona de discernimiento", la “alta críticagoza ahora de la más alta estima. Y el discernimiento es una cualidad por la que incluso los más obtusos se aferran con entusiasmo.

Puede asumirse con seguridad que ni una sola persona de entre la veintena de quienes niegan con vehemencia creer en las visiones de Daniel se ha planteado seriamente la cuestión.

 La bibliografía sobre el tema es, en el mejor de los casos, tediosa, y la investigación exige una combinación de cualidades relativamente escasas.

Una reseña periodística de algún tratado denso, o un discurso ameno de algún predicador popular, satisfará a la mayoría. La literatura alemana sobre la controversia les resulta desconocida, y los escritos de eruditos como el profesor Driver de Oxford no son en absoluto de su agrado, y probablemente estén más allá de su comprensión.

El Libro de Daniel del decano Farrar, por lo tanto, suplirá una necesidad muy sentida. Sin duda, será ignorado por los eruditos, y la mayoría de los teólogos serios lo lamentarán; pero le dará al hombre común una razón para la infidelidad que hay en él. La estrechez con la que enfatiza todo lo que el conocimiento o la ignorancia pueden impulsar a favor de un lado de una gran controversia, excluyendo el resto, lo liberará de la tediosa tarea de reflexionar sobre el problema por sí mismo; y su pedantería está velada por una retórica que le resultará admirablemente adecuada. No podrá dejar de quedar profundamente impresionado por la acumulación de conjeturas interminables y por la ingeniosidad inconscientemente engañosa de la armonía tradicional. Su conocimiento del mundo invisible se ampliará al descubrir que Gabriel, quien se apareció al profeta, es el arcángel,¹ y al comprender que «solo después del exilio encontramos a ángeles y demonios desempeñando un papel más destacado que antes, divididos en clases e incluso distinguidos por nombres especiales».²--**1 P. 275. 2 p. 191.***

No es fácil decidir si esta afirmación resulta más sorprendente al examinarla como un ejemplo de inglés o al considerarla como un precepto que nos guía en el estudio de las Escrituras. Pero todo esto se refiere únicamente a la forma del libro. Al considerar su contenido, el espíritu que nos impulsa a leerlo y las consecuencias que conlleva, una sensación de angustia y vergüenza se mezclará con nuestro asombro.

Lo que la sala de disección es para el médico, la Alta Crítica pertenece al teólogo. En su ámbito apropiado, su valor es inmenso y ha aportado grandes contribuciones a nuestro conocimiento de la Biblia. Pero exige no solo habilidad y cuidado, sino también reverencia; y si estas faltan, inevitablemente puede ser perjudicial.

 Un hombre de baja condición puede degradarse tanto por el uso del bisturí que pierde todo respeto por el cuerpo de su paciente, y la habitación del enfermo se convierte para él en la antesala de la morgue. Y podemos olvidar impunemente la reverencia que se debe a «lo viva y eterna». Palabra de Dios

Nos corresponde distinguir entre la Alta Crítica como medio para eliminar de la Palabra las corrupciones y excrecencias, y para obtener una apreciación más inteligente de sus misterios, y la Alta Crítica como una cruzada racionalista y anticristiana, cuyo fin y objetivo es eliminar a Dios de la Biblia. Considerada desde este aspecto, fue el crecimiento impuro del escepticismo lo que casi ahogó la vida religiosa de muchos alemanes en el siglo XVIII.

Eichhorn se propuso explicar los milagros de las Escrituras. La calidez poética del pensamiento y el lenguaje orientales bastaba, a su juicio, para explicarlos. Los escritores escribían como solían pensar, dejando de lado todas las causas secundarias y atribuyendo los resultados directamente a Dios. Esta teoría tuvo su momento.

ENTRADA DESTACADA

ANTIGÜEDADES DE LA REPÚBLICA HEBREA *LEWIS* i.vi

*** Ayer, 10 de Agosto, en horas de la mañana, surgió en mi mente, el deseo de saber o investigar,   acerca del origen de   los saduceos , y...