viernes, 13 de marzo de 2026

LUCES BRILLANTES 1-12

 LUCES BRILLANTES EN TIEMPOS OSCUROS

LOS VALDENSES  Y SUS PERSECUSIONES EN LOS VALLES DEL PIEDMONTE

LONDRES

SIN FECHA DE PUBLICACIÓN

LUCES BRILLANTES 1-12

NOTA

Los siguientes capítulos (publicados originalmente en una revista juvenil) pretenden ser poco más que un resumen de lo que se narra con mayor extensión y detalle en las historias más extensas. El objetivo del autor no ha sido escribir una historia, sino destacar algunas de las grandes crisis de la historia valdense: especialmente aquellas que demuestran de manera tan convincente la impotencia de la oposición y la ira de los hombres, incluso cuando parecen todopoderosos, contra los más débiles testigos de Cristo, cuando su brazo poderoso los rodea; y, además, cuán imposible es apagar la luz que Dios ha encendido o silenciar un testimonio que evidentemente cuenta con la aprobación divina.

INTRODUCCIÓN

Todo estudiante, ya sea de historia bíblica o de historia de la Iglesia, se habrá sorprendido con este hecho extraordinario: que Dios nunca, en ningún momento de su relación con el hombre, se ha quedado sin al menos un testigo adecuado en esta tierra. Abel, Enoc, Noé, los patriarcas y profetas fueron eslabones de una gran cadena dorada de testimonio que vemos extenderse a lo largo de la historia del mundo, desde la creación hasta el nacimiento de Cristo.

Igualmente existe, aunque quizás no siempre sea tan fácil de rastrear, el hilo de plata de los testigos de Cristo, desde los días de los apóstoles hasta nuestros días. Débil fue, en verdad, el destello de luz celestial que brilló durante el largo período de la Edad Media; pero la luz estaba ahí, aunque a veces parecía haberse extinguido. La mano divina la mantuvo encendida hasta la hora del sacrificio, a su antojo, para luego dejarla estallar de nuevo en un resplandor que disipaba la noche, inundando gran parte del mundo con sus rayos revitalizantes.

No cabe duda de que los valdenses se conservaron de una manera extraordinaria para dar testimonio de las sencillas verdades del Evangelio durante el período más oscuro de estos tiempos.

Su origen se remonta a tiempos tan remotos que casi se pierde en la oscuridad. Si, como algunos autores, se separaron originalmente de la Iglesia de Roma, o si, como otros afirman, nunca estuvieron asociados a ella, no es algo que deba discutirse aquí.

Lo cierto es que cuando los valdenses aparecen por primera vez en la historia, son antagónicos a ese gran sistema mundial. Sufrieron una oposición y persecución sin precedentes en la historia. Sin embargo, a pesar de pertenecer a la Iglesia, se aferraban con tenacidad inquebrantable a las verdades que, según ellos, sus antepasados ​​les habían transmitido incluso desde tiempos primitivos.

Aislados en sus valles del Piamonte, permanecieron como testigos permanentes contra las herejías y los flagrantes males de Roma. No dudaron en exponer y condenar, por todos los medios a su alcance, esos males; y Roma juzgó con razón que no tenía oponentes más formidables contra su poder terrenal y su orgullo espiritual que los humildes pastores de los Alpes.

 La luz de la verdad divina que allí brillaba, revelaba con toda seguridad la densa oscuridad en la que se había sumido el Papado, y en consecuencia, no se escatimaron esfuerzos para aplastar y extinguir este testimonio en las montañas. Pero la luz de la verdad de Dios no podía extinguirse así; brilló cada vez con más fuerza hasta el glorioso amanecer de la Reforma.

 ¡Cuánto les debemos, incluso hoy, a la inquebrantable fidelidad de estos humildes testigos de Cristo y su verdad!

¿Hasta qué punto estaban justificados los valdenses al recurrir a la espada, incluso en defensa de la vida y la libertad? Es difícil determinarlo.

Es más fácil condenar que comprender adecuadamente las terribles provocaciones a las que fueron sometidos.

Los valdenses también eran, por naturaleza, muy valientes y patriotas, y sin duda este rasgo los impulsó a resistir con vigor los crueles y cobardes ataques de sus enemigos.

Sin embargo, esa ley inexorable: «Quien empuñe la espada, perecerá con la espada», sigue siendo cierta, y los valdenses la experimentaron plenamente.

 No es improbable, sin embargo, que Dios anulara esta falta de paciencia y confianza en su poder, pues en algunos de los terribles reveses infligidos por los valdenses a sus enemigos, podemos ver claramente que fueron indudablemente utilizados como instrumentos para cumplir los justos juicios de Dios.

LOS VALDENSES

CAPÍTULO I.

 ORIGEN E HISTORIA TEMPRANA.

El origen de los valdenses, como todo lo que se encuentra en lugares lejanos, permanece en cierta oscuridad. Sus historiadores han propuesto diversas opiniones, algunas a favor y otras en contra de una gran antigüedad. Los primeros se esfuerzan por demostrar que existió una iglesia independiente en los valles alpinos desde los albores del cristianismo, mientras que los segundos no admiten un origen anterior a los siglos XI o XII.

Sin embargo, tanto la historia como la tradición respaldan la opinión de que se ha mantenido un testimonio casi ininterrumpido, transmitido desde tiempos primitivos. «Con los albores de la historia», observa un historiador inglés, «descubrimos a algunos cristianos sencillos en los valles de los Alpes, donde aún existen bajo el antiguo nombre de los valdenses, quienes, a la luz del Nuevo Testamento, vieron el extraordinario contraste entre la pureza de los tiempos primitivos y los vicios de la ostentosa jerarquía que los rodeaba».

Otro autor, destacando su temprana conversión al cristianismo, afirma: « «Aún existen vestigios de la calzada romana que cruzaba los Alpes Cottianos y se extendía desde Milán hasta Boulogne, siendo la vía habitual por la que las legiones romanas viajaban desde Italia a la Galia y Britania. Al observar su avance, al leer la historia, recordemos que esa misma calzada fue probablemente el medio de transporte de muchos que trajeron buenas nuevas y publicaron el evangelio de la paz a los habitantes de las montañas y otros lugares»

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