domingo, 4 de octubre de 2026

ASTRONOMÍA DE LA BIBLIA *MAUNDER* 1-5

 LA ASTRONOMÍA DE LA BIBLIA

 UN COMENTARIO ELEMENTAL SOBRE LAS REFERENCIAS ASTRONÓMICAS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

POR E. WALTER MAUNDER, F.R.A.S.

 AUTOR DE «EL REAL OBSERVATORIO DE GREENWICH: SU HISTORIA Y FUNCIONAMIENTO» Y «ASTRONOMÍA SIN TELESCOPIO»

LONDRES

1909

ASTRONOMÍA DE LA BIBLIA  *MAUNDER* 1-5

PREFACIO

¿Por qué debería un astrónomo escribir un comentario sobre la Biblia? Porque, por regla general, los comentaristas no son astrónomos y, por tanto, o bien pasan por alto en silencio las alusiones astronómicas de las Escrituras, o bien las comentan de una manera que, desde un punto de vista científico, deja mucho que desear.

 Las alusiones astronómicas en la Biblia, tanto directas como indirectas, son numerosas y, para captar todo su significado, requieren un tratamiento astronómico.

Además, la astronomía nos permite situarnos, hasta cierto punto, en la posición de los patriarcas y profetas de la antigüedad.

Sabemos que el mismo sol y la misma luna, las mismas estrellas y planetas que brillaron para Abraham y Moisés, para David e Isaías, brillan también para nosotros.

 Podemos, si así lo deseamos, contemplar los cielos inmutables con sus mismos ojos y comprender la actitud que ellos tenían hacia ellos. Vale la pena hacerlo. Pues los inmensos avances científicos logrados desde que se cerró el canon de las Sagradas Escrituras —y especialmente en los últimos trescientos años— pueden ayudarnos a comprender el significado de un hecho notabilísimo: incluso en aquellas épocas remotas, cuando para todas las naciones vecinas de Israel los cuerpos celestes eran objetos de adivinación o idolatría, la actitud de los escritores sagrados hacia ellos fue de una sensatez y veracidad perfectas.

 La astronomía desempeña también otro papel en el estudio bíblico. La datación de los diversos libros de la Biblia y la relación de ciertas mitologías paganas con los relatos bíblicos sobre los albores de la humanidad han sido objeto de gran atención en los últimos años.

 El análisis literario ha arrojado mucha luz sobre estas cuestiones, pero hasta ahora se ha pasado casi por alto cualquier prueba que la astronomía pudiera aportar; y ello a pesar de que, por la propia naturaleza del asunto, tales pruebas —en la medida en que estén disponibles— deben resultar sumamente decisivas y exactas.

E. WALTER MAUNDER.

 ENERO DE 1908

La buena acogida que tuvieron la primera y la segunda edición —esta última requerida apenas cuatro meses después de la aparición de la primera— parece indicar que el libro, en su forma actual, goza de aceptación general. No obstante, se han modificado algunos párrafos en la tercera edición, allí donde se consideró oportuno incorporar nueva información.

 E. W. M.

St. John's, Londres, S.E.

LUSTRACIONES La Estrella de Belén (Burne-Joiies) Frontispicio El Arcoíris (Rubens) Merodac y Tiamat Cirros y Cúmulos Un Rincón de la Vía Láctea El Gran Cometa de 1843 Caída de un Aerolito Empujador Meteórico de 1799 El Ser Asirio con Alas Corona de Tipo Mínimo San Pablo predicando en Atenas (Rafael) Las Constelaciones Antiguas al Sur de la Eclíptica La Esfera Celeste Las Constelaciones de Medianoche de Primavera, 2700 a. C. Las Constelaciones de Medianoche de Invierno, 2700 a. C. Ofiuco y las Constelaciones Vecinas Acuario y las Constelaciones Vecinas Hércules y Draco... Hidra y las constelaciones vecinas PAQB 2 25 47 94 102 110 115 126 127 148 155 156 164 165 189 192 197 200 XT xvi ILUSTRACIONES PÁGINA Andrómeda y Cetus... 207 Estrellas de las Pléyades... 219 Nebulosidades internas de las Pléyades... 227 Estrellas de Orión... 232 Orión y las constelaciones vecinas... 236 Posición del equinoccio de primavera, p. ej., 2700... 246 Posición del equinoccio de primavera, año 1900 d. C.... 247 Estrellas del Arado, como el Aventador. 263 *Toca la Trompeta en la Luna Nueva. 268 Posición de la Luna Nueva en los Equinoccios. 316 Piedra Fronteriza en el Louvre. 318 Culto al Dios Sol en Sippara. 322 «Sol, detente sobre Gabaón, y tú, Luna, en el Valle de Ajalón». 350 Mapa del Sur de Palestina. 357 Rumbos de los Puntos de Salida y Puesta del Sol desde Gabaón.

A MI ESPOSA MI COLABORADORA EN ESTE LIBRO Y EN TODO.

LA ASTRONOMÍA DE LA BIBLIA

LIBRO I

LOS CUERPOS CELESTES

CAPÍTULO I

EL HEBREO Y LA ASTRONOMÍA

 La astronomía moderna comenzó hace poco más de tres siglos con la invención del telescopio y su aplicación por parte de Galileo al estudio de los cuerpos celestes.

Este nuevo instrumento le reveló de inmediato las montañas de la Luna, los satélites de Júpiter y las manchas solares, permitiendo observar los cuerpos celestes de una manera que nadie había imaginado antes.

 Desde nuestra perspectiva actual, los planetas del sistema solar son mundos; podemos examinar sus superficies y determinar en qué se asemejan o difieren de nuestra Tierra.

Para los antiguos no eran más que puntos de luz; para nosotros son cuerpos inmensos que hemos logrado medir y pesar.

El telescopio también nos ha permitido penetrar en las profundidades del espacio exterior; hemos conocido otros sistemas además del de nuestro propio Sol y sus satélites —muchos de ellos muy lejanos—, así como misteriosas nebulosas que, por su forma, sugieren ser sistemas de soles en formación.

 Más recientemente, la invención del espectroscopio nos ha revelado los elementos que componen estas innumerables estrellas, permitiéndonos distinguir aquellas que se encuentran en un estado similar al de nuestro Sol de las que difieren de él. Asimismo, la fotografía ha registrado objetos demasiado tenues para ser detectados a simple vista —incluso con la ayuda del telescopio más potente— y con detalles y complejidades imposibles de plasmar para la mano más diestra.

Kepler, amigo y contemporáneo de Galileo, sentó las bases de otra rama de la astronomía moderna aproximadamente por la misma época. Estudió los movimientos aparentes de los planetas hasta que estos le revelaron sus secretos, permitiéndole expresarlos mediante tres leyes sencillas; leyes que, dos generaciones más tarde, Sir Isaac Newton demostró que eran el resultado de una gran y simple ley de alcance universal: la ley de la gravitación.

En esta ley se han basado las maravillosas conquistas matemáticas de la astronomía.

 Todos estos resultados extraordinarios se han logrado gracias al libre ejercicio de las facultades mentales del ser humano; resulta inconcebible que Dios hubiera intervenido para obstaculizar el desarrollo de su capacidad intelectual revelándoles hechos y métodos que ellos mismos estaban capacitados para descubrir.

Las facultades mentales del hombre se han desarrollado mediante su ejercicio; se habrían visto atrofiadas si se hubiera inducido a las personas a buscar la satisfacción de su curiosidad en la revelación en lugar de en el esfuerzo diligente.

Por consiguiente, no encontramos en la Biblia referencia alguna a aquello que la astronomía moderna nos ha enseñado.

 No obstante, cabe señalar que ciertas expresiones —apropiadas en cualquier época— han cobrado una pertinencia y una fuerza mucho mayores a la luz de nuestros conocimientos actuales

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