martes, 6 de octubre de 2026

¿CRISTIANISMO CON PAGANISMO GRIEGO? *GLAWE *1-6

 ***// * Nota del autor del blog *El texto de este libro parece estar con letras  "alemanas antiguas o clásicas” y me dificulta copiar las letras exactamente, es probable que lugares, medidas aparezcan traducidas con algunos errores, nombres en griego antiguo, o en idioma alemán,  en todo caso queda en criterio de los lectores su debida investigación. El  copiar exactamente  los nombres o medidas, retrasaría mucho el tiempo que necesito para avanzar en todas estas  traducciones que hago yo solo, y de forma personal, de forma gratuita,  sin contar con ayuda de ningún colaborador o equipo.// ***

 CUESTIONES BÍBLICAS Y TEMAS DE DEBATE.

.LA RELACIÓN DEL CRISTIANISMO CON EL PAGANISMO GRIEGO. A LA LUZ DEL JUICIO DEL PASADO Y DEL PRESENTE

 POR EL PROFESOR LIC. DR. WALTHER GLAWE.

 EDITORIAL EDWIN RUNGE, BERLÍN-LICHTERFELDE

1913.

¿CRISTIANISMO CON PAGANISMO GRIEGO?  *GLAWE *1-6

NOTA PRELIMINAR.

 Hace medio año publiqué, en la editorial Trowitzsch & Sohn de Berlín, un extenso estudio titulado «La helenización del cristianismo en la historia de la teología, desde Lutero hasta la actualidad». Siguiendo una sugerencia del editor de la colección *Biblische Zeit- und Streitfragen* (Cuestiones bíblicas de actualidad y debate), decidí poner al alcance de un público más amplio —formado por lectores interesados ​​en la teología— algunos de los resultados de dicha obra que podrían despertar un interés general, prescindiendo del aparato científico destinado exclusivamente a los especialistas.

Así surgió el presente volumen. Ojalá cumpla con el propósito de la colección *Biblische Zeit- und Streitfragen* proporcionando a las personas cultas —tomándolas del arsenal de la historia— nuevas armas para combatir a aquellos críticos que, en nuestros días, emplean todos sus recursos para presentar la figura de Jesucristo y la esencia de su obra redentora bajo una luz antihistórica y contraria a los hechos.

ROSTOCK, 11 DE FEBRERO DE 1913.

 WALTHER GLAWE.

En la edición de 1911 del periódico *Allgemeine Evangelisch-Lutherische Kirchenzeitung* aparecieron, bajo el título «Luchas modernas en torno al cristianismo a la luz de su historia», once ensayos recopilados por Wilhelm Laible y publicados en forma de libro en 1912 bajo el título *Errores modernos en el espejo de la historia*.

 El propósito de estos ensayos es demostrar que las luchas que hoy sacuden a la Iglesia y a la teología —y que inquietan profundamente no solo a los servidores de la Iglesia y a los teólogos profesionales de púlpito y cátedra, sino también a los laicos— ya congregaron en siglos pasados ​​a combatientes piadosos y vigorosos en defensa de la causa de su eterno Maestro, conduciéndola a la victoria.

 Los autores de dichos ensayos estaban totalmente ajenos a cualquier ánimo polémico mezquino: en ningún momento les guio la intención de menospreciar el valor académico de los investigadores modernos de tendencia radical simplemente demostrando que la crítica actual a la fe tradicional no es, en la mayoría de los casos, más que una reedición de antiguos ataques contra el cristianismo heredado.

No buscaban, en sentido irónico: «...un gran deleite: trasladarse al espíritu de los tiempos, ver cómo pensó un sabio antes que nosotros y cuán magníficamente lejos hemos llegado nosotros al final». Más bien, las tareas mencionadas pretenden —al abordar las luchas eclesiásticas y teológicas de nuestros días..

Más bien, las tareas mencionadas pretenden —al situar las luchas eclesiásticas y teológicas de nuestros días bajo una luz histórica— profundizar en el conocimiento o, mejor dicho, generar la convicción de que las armas que hoy se despliegan para combatir el cristianismo tradicional son, en esencia, las mismas con las que, en siglos pasados, se intentó derribar los muros de la antigua fe.

A esta comprensión histórica se suma, por sí misma, otra: la de que la Iglesia y la teología pueden emprender la lucha contra el enemigo moderno con plena conciencia de victoria; tal como triunfaron antaño, triunfarán también hoy y en el futuro si mantienen afiladas sus antiguas y probadas espadas.

La forma externa del arma defensiva no tiene por qué permanecer inalterada; es más, a menudo no debe ser la misma, pues ha de adaptarse en todos los aspectos a las tácticas modernas y a las nuevas exigencias que se le plantean.

Sin embargo, debe estar forjada con el acero antiguo y acreditado.

Un acero que la Iglesia y la teología encuentran una y otra vez en el arsenal de su historia, cuyas puertas —especialmente en estos tiempos de lucha— nunca se abrirán lo suficiente ni con la frecuencia necesaria.

***) El Dr. Jhmels afirma en su reseña de los ensayos mencionados: Uno se separa de ellos «no sin una profunda conmoción interior...; es saludable recordar que, en todas las épocas, la Iglesia ha tenido que luchar por la fe. El presente se complace en subrayar una y otra vez las dificultades con las que la fe debe lidiar precisamente ahora; este libro pone de manifiesto con gran fuerza que la fe, en todos los tiempos, solo ha existido como una fe militante. Pero no solo eso. Incluso allí donde los autores de los distintos estudios renuncian casi por completo a establecer un paralelismo explícito entre el pasado y el presente, se impone la percepción de hasta qué punto lo supuestamente nuevo —o lo más reciente— encuentra ya su analogía en el pasado». *Theologisches Literaturblatt*. Año XXXII. N.º 21. Leipzig, 1912.**

La historia desempeña también una función apologética —en el sentido ya caracterizado— frente a la postura extrema sobre la helenización del cristianismo que se sostiene en el sector radical de la teología.

Nos referimos a la tesis —defendida con insistencia tanto en el pasado reciente como, muy especialmente, en la actualidad— de que el contenido del mensaje de Jesús no se transmitió en su forma original, sino impregnado del espíritu de la Antigüedad clásica, y más concretamente de aquella de corte helenístico. Una tesis que ya en épocas remotas intentó disputar a la Iglesia su antiguo patrimonio de fe.

Die Frage, ob und die Wahrheiten des EvangeliumJeſu Chrifti unverfälſcht, in ihrer urfprünglichen Geftalt,überliefert worden find, oder ob fie der griechifche Geift,die helleniftifche Kultur  La cuestión de si las verdades del Evangelio de Jesucristo han sido transmitidas sin adulteración, en su forma original, o si el espíritu griego —la cultura helenística a través de la cual nos llegaron— las influyó de manera decisiva, de modo que en la tradición eclesiástica ya no se nos presenta el anuncio puro de Jesús —esta cuestión no ha sido planteada únicamente por la teología moderna; ya ocupó a los teólogos del siglo XVI y, sobre todo, a los eruditos de los siglos XVII y XVIII.

Dado que de la respuesta a esa pregunta depende la suerte de lo que hoy todavía se denomina cristianismo —es decir, dado que el carácter y el contenido de dicha respuesta han de influir decisivamente en la evolución profunda y en los fines supremos de la humanidad religiosa—, se comprende de antemano que se haya emprendido el camino para responder a la cuestión de la helenización del cristianismo con cautela y timidez; al menos por parte de aquellos para quienes la seriedad en los asuntos religiosos —que conmueven profundamente el alma humana— sigue siendo parte esencial de su propio ser, y que no se dejan llevar por una concepción o sensibilidad cultural errónea para blandir, hiriendo y destruyendo, la guadaña de una crítica sin escrúpulos sobre campos consagrados que, junto a escasas y discretas malas hierbas, albergan una abundancia de plantas de vida exuberante.

 El hecho de que investigadores concienzudos abordaran la resolución del problema de la helenización con extrema cautela y lentitud se debe, sencillamente, al temor justificado de que muchas personas no cualificadas se sintieran llamadas a acompañarles en esa tarea, levantando una polvareda capaz de asfixiar la vida que brota y florece a la vera del camino y mucho más allá.

Ya en épocas tempranas de la Iglesia, observadores piadosos de la tradición evangélica llegaron a percibir un paralelismo entre el cristianismo y el platonismo, así como a constatar una concordancia entre el pensamiento cristiano y el platónico. Sin embargo, no se atrevieron a afirmar una relación de dependencia del cristianismo respecto al platonismo; tal cosa les habría parecido una degradación del cristianismo, un despojo de sus valores intrínsecos. Pues, aunque ya en el siglo XVII comenzaba a surgir una crítica más libre del Antiguo Testamento, hasta la época del racionalismo los documentos sagrados de la religión cristiana y el dogma santificado a lo largo de los siglos seguían siendo, para la mayoría de los investigadores, un terreno consagrado e inviolable que parecía advertir a todo aquel que quisiera adentrarse en él: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa».

 Por ello, la evolución de la idea de una helenización del cristianismo avanzó inicialmente de forma lenta, tímida y trabajosa; la historia de esta cuestión permite apreciar, a menudo de manera conmovedora, la acción tenaz y contenida de la fuerza triunfante de la verdad eterna, una fuerza que también se percibe, de vez en cuando, en el desarrollo de la teología radical moderna.

 Para que pudiera siquiera surgir la idea de una helenización del cristianismo, la Reforma —que por primera vez ejerció una crítica demoledora y sin parangón contra lo tradicional— creó las condiciones previas: en su lucha contra la escolástica —es decir, contra el predominio de la filosofía aristotélica en la teología— cabe ver, de hecho, una contrapartida de la disputa que fue cobrando fuerza lentamente contra el helenismo, y en particular contra el platonismo, en el seno del cristianismo eclesiástico.

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