“ÉL DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS”;
O UNA INTERPRETACIÓN BASADA EN LA RAZÓN Y LAS ESCRITURAS.
W. HENDERSON,
PEMBROKE, CANADA
PRECIO DIEZ CENTAVOS
1868
CRISTO DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS * HENSDERSON* 1-2
"Las omisiones significativas en el servicio que lo impactaron fueron: — el artículo “Él descendió a los infiernos”, del Credo de los Apóstoles".
Este extracto, tomado de un periódico inglés, demuestra suficientemente la necesidad de reivindicar la doctrina contenida en el artículo “Él descendió a los infiernos”.
La exposición que se da en las siguientes páginas no es nueva, pues tiene al menos 1400 años o más. Sin embargo, actualmente no es generalmente aceptada. Ni debería serlo si se basara únicamente en la antigüedad. Pero al basarse, como se basa, en la razón y las Escrituras, además de en la antigüedad, merece la seria consideración de todos aquellos que deseen conocer “la certeza de las cosas en las que han sido instruidos”.
La interpretación a la que se hace referencia es que el alma humana de nuestro amado descendió a un estado de sufrimiento después de la muerte, a diferencia del estado final de los perdidos; o el estado de felicidad; o la tumba.
La opinión generalizada supone que el alma de Cristo fue a ese lugar y estado de descanso donde van los espíritus de los difuntos.
La interpretación que se da aquí también supone que fue a un lugar y estado de espíritus de los difuntos; pero no a un lugar y estado de descanso. Él (es decir, su alma incorpórea) fue a un lugar donde permaneció en un estado de sufrimiento hasta que fue liberado de él en la mañana de la Resurrección.
En apoyo de esta interpretación, observo, primero, que solo hay dos estados en los que es posible entrar después de la muerte: uno, un estado de felicidad inmutable; el otro, un estado de miseria inmutable.
Ambos estados admiten grados de felicidad y miseria, respectivamente; y el resultado final de uno es la miseria sin fin de los perdidos en la gehena; el resultado final del otro es la felicidad sin fin de los bienaventurados en el Cielo.
Todos por igual entran en estos estados inmediatamente después de la muerte; los abandonaremos al resucitar de entre los muertos.
Cabe preguntarse qué autoridad hay para afirmar que solo hay dos estados después de la muerte.
La autoridad de la razón, pues si existe un estado intermedio en el que la felicidad y la miseria coexisten, como en la tierra, entonces es un estado de miseria.
(Excelente reflexión lógica y coherente)
Pues el único otro estado concebible es aquel en el que habría ausencia tanto de felicidad como de miseria. Pero esto es inconcebible en relación con el espíritu inmortal, que no puede permanecer inconsciente, no puede morir.
La autoridad de las Escrituras confirma la autoridad de la razón, pues las Escrituras no representan al espíritu del difunto en un estado inconsciente después de la muerte.
Al contrario, nos enseñan que aumenta su conocimiento.
Por ejemplo, se representa a Abraham creyendo lo que no sucedió hasta mucho después de su muerte.
A saber, que Moisés y los Profetas fueron escritos para nuestra enseñanza en la tierra; y no solo eso, sino que fueron suficientes para nuestra salvación.
Las Escrituras también representan uniformemente al alma como pasando inmediatamente del estado presente de existencia a un estado futuro y fijo de felicidad o miseria.
Desde la parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas XVI) y las palabras: «De ahora en adelante bienaventurados los muertos que mueren en el Señor; así dice el espíritu, porque descansan de sus trabajos».
Por lo tanto, aunque no hay un estado intermedio entre el estado de felicidad y el de miseria, sí hay un estado intermedio de felicidad y miseria entre nuestro estado terrenal por un lado //es decir nuestra existencia terrenal// y nuestro estado celestial, // es decir para los que alcanzan la salvación al creer en la sangre del Cordero Jesucristo// según sea el caso, por el otro. Esto, al menos que yo sepa, nunca ha sido negado por los cristianos, ni puede serlo de forma consistente quien reconozca la autoridad de la razón y las Escrituras. Pues la razón enseña que este estado intermedio no es nuestro estado terrenal, ni tampoco es nuestro estado final. Se diferencia materialmente de ambos en este aspecto: que es un estado incorpóreo. —pero ambos estados extremos son estados encarnados. //es decir al morir unos van ya condenados eternamente y sin esperanza , y otros mueren en salvación eterna, pero aun no se ha hecho efectivo el total resultado final, porque hasta este mes y año, de Febrero del año 2026, no se ha cumplido el Juicio del trono Blanco, y la ratificación del Juicio final, que aparece en Apocalipsis.//
La Escritura también confirma esta enseñanza cuando dice: “La muerte y el infierno entregaron los muertos que había en ellos, y la muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego”— —Apocalipsis XX, 13 y 14 v. Donde supongo que la muerte se refiere al cuerpo, y el infierno al alma. // Según mi creencia, la muerte y el infierno son don entes, seres, o potestades, que tienen su propio “dominio”, donde las almas de los condenados, están retenidas, pero en el futuro, abrirán la puerta de esos “dominios” y entregarán a la Justicia Divina, a esas almas. Y siendo Gobernadores, o “ Príncipes de las tinieblas”, también deberán pagar su condenación de tormento en el lago de fuego.//
Observen, a continuación, que nuestra palabra hell es la traducción de la palabra griega Hades, y que esta se usa para denotar ambos estados (véase Salmos 89:48, Apocalipsis 20:13), al igual que la palabra hebrea correspondiente, “Scheul”, y también nuestra propia palabra, “Muerte”. Hablamos indistintamente de la muerte de los justos y de la muerte de los malvados. Pero, en la mayoría de los casos, la palabra Hades se usa en un sentido negativo tanto en las Escrituras del Antiguo como del Nuevo Testamento. Y es especialmente digno de notar que nuestro Salvador mismo invariablemente lo usa en un sentido negativo, a saber: para denotar el Hades del sufrimiento. En los siguientes pasajes no significa nada más que dice: «Y tú, Capernaúm, que eres exaltada hasta el Cielo, serás derribada como el infierno» (Mateo 11:23). «Sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra él» (Mateo 16:18). «En el infierno alzó los ojos, estando en tormento» (Lucas 16:23).
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