miércoles, 14 de octubre de 2026

EL ANTIGUO EGIPTO Y LA BIBLIA *GOSSE* 1-2

 Mi sed “insaciable” de  conocimiento de los primeros tiempos remotos de la humanidad, según mi concepto personal de Adán y Eva, solo los puedo “satisfacer” , al “beber”  en la investigación misma del tema. Todo esto en relación a lo que creo es la verdad de la Biblia. Independientemente de la filosofía de mente y vida del lector  que visite estas publicaciones, creo que aportan  la investigación y enseñanza en general de la humanidad.

**** Soy un apasionado por conocer, estudiar y comprender el pensamiento de los escritores de antaño, ¿cuáles eran sus motivos? y sobre todo por investigar los orígenes, y motivaciones  de los pensamientos y cultura religiosa más antigua , es decir  según mi concepto desde Adán y Eva. , y como todo esto sigue influyendo de una manera directa en nuestro pensamiento moderno.***

***“Me considero un investigador, filosofo, amante de la historia de los pueblos,  y un  “arqueólogo del intelecto y conocimiento ”, no en su campo físico, sino en su dimensión espiritual, e intelectual.; dedicado al deleite de redescubrir,  “desenterrar”  en la literatura antigua, monumentos, pluralidad del arte, y  objetos de la antigüedad , entrelazados con la historia, la literatura , la poesía, la ciencia todo esto en profunda relación con la  Biblia---

****Fundamentado en el derecho de investigación y libre conciencia universal  inherente a todo ser humano, y para alimentar mi espíritu, realizo y comparto estas labores, poniendo al servicio de la investigación y conocimiento  el fruto de mis facultades del  más puro intelecto de  mi ser.

**Todas las Publicaciones en este espacio, para reflexionar,  para promover el amor por el arte de la lectura , enseñar, para profundizar e investigar en la cultura y progreso de la humanidad.***

***Son publicadas de forma gratuita y no generan ningún centavo de ganancia al autor del blog*--

LOS MONUMENTOS DEL ANTIGUO EGIPTO,

 Y SU RELACIÓN CON LA PALABRA DE DIOS

PHILIP HENRY GOSSE.

PUBLICADO BAJO LA DIRECCIÓN DEL COMITÉ DE LITERATURA Y EDUCACIÓN GENERAL, DESIGNADO POR LA SOCIEDAD PARA LA PROMOCIÓN DEL CONOCIMIENTO CRISTIANO.

IMPRESO PARA LA SOCIEDAD PARA LA PROMOCIÓN DEL CONOCIMIENTO CRISTIANO;

LONDRES

1855

EL ANTIGUO EGIPTO Y LA BIBLIA *GOSSE* 1-2

PREFACIO.

 La valiosa colección de antigüedades egipcias del Museo Británico ha despertado, sin duda, un gran interés en muchos, que carecen de los recursos y el tiempo necesarios para estudiar su significado en las valiosas pero costosas obras publicadas recientemente sobre el tema.

Para ellos, este volumen puede resultar un manual útil, suficientemente detallado para brindar un conocimiento adecuado de estos venerables documentos, pero accesible para quienes tienen recursos limitados para adquirir libros.

 La ilustración de la Palabra de Dios mediante estos monumentos es, sin embargo, el objetivo principal del autor; y espera que este objetivo se logre en la medida suficiente para que la obra adquiera todo el valor que pueda tener. Las fuentes consultadas para la elaboración de esta obra son quizás más importantes por su peso que por su cantidad. Las referencias adjuntas a las citas en el texto informarán al lector sobre estas.

Sin embargo, el autor desea hacer especial hincapié en las principales fuentes de información.

Las magníficas láminas del profesor Rosellini, «Los monumentos de Egipto», de las que uno no sabe si admirar más sus gigantescas dimensiones, la belleza de su ejecución, o la importancia de los temas, han constituido la principal fuente de información para la ilustración de este volumen.

En las exposiciones de los monumentos históricos, se ha seguido principalmente la aplicación sugerida por el Sr. Osburn en su obra «El antiguo Egipto, su testimonio de la verdad», la cual el autor ha intentado confirmar con algunas razones adicionales. También se ha atrevido a proponer una o dos nuevas identificaciones.

La última parte de la obra está muy influenciada por las invaluables obras de Sir J. G. Wilkinson. Los capítulos tercero y cuarto, en particular, dependen en gran medida, tanto en información como en ilustraciones, de la primera serie de la interesante obra de dicho señor, «Modales y costumbres de los antiguos egipcios».

«Antigüedades egipcias en el Museo Británico», del Sr. Long, y «Egipto y los Libros de Moisés», del profesor Hengstenberg, también han aportado citas útiles.

En conclusión, el autor desea expresar su más sincero agradecimiento por las valiosas notas proporcionadas durante la realización de este trabajo por Samuel Birch, Esq., conservador adjunto de las antigüedades del Museo Británico, y por el reverendo G. C. Renouard, rector de Swanscombe, Kent.

 LONDRES, SEPTIEMBRE DE 1847.

ANTIGUO EGIPTO.

Entre dos vastos desiertos de arena movediza, el Sahra, que se extiende por el norte de África, al oeste, y el “desierto aullante” de Arabia, al este, una estrecha franja de tierra fértil recorre el margen occidental del mar rojo  hasta el Mediterráneo.

Es un valle que en ningún punto supera unos pocos kilómetros de ancho, delimitado a ambos lados por colinas irregulares o cadenas montañosas bajas.

 El Nilo, un río magnífico, que nace en el corazón de África, vierte sus aguas a través de este valle hasta el mar, y con su crecida periódica confiere una fertilidad asombrosa a lo que de otro modo sería una parte del desierto estéril que lo rodea. La lluvia es escasa en esta región; de las ardientes arenas a ambos lados llegan vientos secos y estacionarios; El viento del norte procedente del Mediterráneo, •que predomina durante el verano, pasa sobre las colinas bajas y no se detiene hasta que llega a las altas montañas de Abisinia, cuando las nubes y la niebla que transporta descienden en forma de lluvias torrenciales. Las aguas que, vertidas por numerosos brazos, desembocan en el Nilo, provocan que este se desborde anualmente. Hacia mediados del verano, el río, que normalmente tiene una claridad brillante, se enturbia y en pocos días comienza a crecer.

 Hacia mediados de julio, el agua invade la tierra y continúa aumentando hasta finales de septiembre. Luego retrocede de nuevo, y a finales de noviembre se retira a sus cauces, dejando un rico depósito de lodo fertilizante, que es mucho más valioso que cualquier abono.

 La crecida del Nilo se espera con gran interés ; A veces no alcanza su altura habitual, por lo que gran parte de la tierra queda sin fertilizar, y sobrevienen la miseria y el hambre.

En otras ocasiones, su desbordamiento es aún más aterrador, inundando pueblos y aldeas, destruyendo los cultivos y ahogando el ganado y a muchos de sus habitantes.

Belzoni describe así el aspecto del paisaje durante la inundación: «El valle parecía un vasto lago, con diversas islas y magníficos edificios. A nuestra derecha se alzaban las altas rocas y los templos de Gournau, el Memnonium, los extensos edificios de Medinet-Abou y las dos colosales estatuas que emergían del agua como los faros de algunas costas europeas. A nuestra izquierda se extendían las vastas ruinas de Carnak y Luxor, al este de las cuales, a ocho millas de distancia, se extendía la cadena montañosa de Mokattem, que delimitaba este inmenso lago».

Al igual que otros grandes ríos, el Nilo desemboca en el mar por varias bocas, que encierran una franja triangular de suelo aluvial plano llamada delta, por su forma triangular, como la letra griega A, de ahí su nombre.

**Kurnú, Medinet Hdbu, Karnak y El uksor son las grafías correctas de los nombres anteriores, pero preferimos conservar las formas más comunes en el texto**

Jueves, 4 de agosto de 2022

 ““POR TIERRAS SANTAS Y POR TIERRAS PROFANAS”

POR J. MOISÉS DELEON LETONA

(El escritor es tío abuelo del autor del blog- un huehueteco apasionado por lo de antaño.)

IMPRESIONES DE UN GUATEMALTECO EN SU VIAJE
ALREDEDOR DEL MUNDO DURANTE LOS AÑOS DE
1922 A 1924.
” 2 años y 6 meses*

******EL CAIRO.****

 El nombre de la capital de Egipto viene de los vocablos árabes El-Kahira.

 El aspecto de la metrópoli africana, visto desde la cima de Yebel-Mokattam, colina elevada que se encuentra cerca de la población, es hermosísimo. Se destaca la ciudadela cons­truida con fragmentos de pequeñas pirámides por orden del Sultán Saladino, según afirman las leyendas. Al pie se extien­de la ciudad con sus mezquitas bizantinas, sus alminares, sus edificios de distintos colores y sus espléndidos jardines que, además de gran variedad de flores, contienen: limoneros, grana­dos, datileras; cocoteros, corozos, damascos, ravenalas; palmas reales, ricas y sicomoros. Este último árbol tiene una leyenda que, para nosotros los cristianos, encierra un verdadero poema religioso. Según ella, cuando la Sagrada Familia huyó a Egip­to, amenazada por los sicarios de Herodes, ya en territorio egipcio, fué perseguida muy de cerca por una escolta del feroz Rey de Judea; pero tan luego como los soldados se aproxima­ron al paraje en que la Virgen, San José y el NIÑO DIOS esta­ban descansando bajo la tupida sombra de un frondoso sicomoro, el árbol bajó sus ramas, ocultándolos completamente con sus anchas hojas, de la vista de sus perseguidores.

 Se debe a los sultanes de la dinastía Bahrita el florecimiento del arte arquitectónico en el Egipto y datan de su época las más bellas construcciones que atesora El Cairo. Aunque en lo anti­guo los ornamentos adolecen de falta de vida y de cierta pesan­tez, los posteriores a la dinastía que dejamos mencionada ya adquieren cierta elegancia de estilo árabe y abundan las colum­nas, capiteles, arcos y cimborrios de ese estilo, tan lleno de arte y delicadeza, que se ha denominado "morisco."

 Abundan los minaretes semejantes a los que coronan los templos y palacios de Constantinopla ; y más de alguna de estas torres nos trajo a la memoria la fachada de la Academia Militar de Guatemala.

 Sobre el Nilo, que al pasar por El Cairo tiene 400 metros de anchura, existen varios enormes puentes de los cuales los más importantes son los de Bulak y Kasr-en Nil; el primero tiene cuatro tramos de hierro y descansa en gigantescos basa­mentos de sólida piedra.

 El Musky es la arteria principal del comercio a donde afluye la vida mercantil de la ciudad. Atraviesa al Cairo en toda su anchura y en ella están los grandes almacenes y bazares de los  —132—  J. M. DELEON LETONA

 europeos así como también de muchos árabes, sirios y judíos. Los establecimientos de comercio se distinguen por su gran elegancia. Por doquiera presentan: alfombras, esteras, muebles raros con incrustaciones de nácar, oro, plata, etc.; todo el derro­che de fantasía y buen gusto que han hecho famosos en el Mundo los artículos de lujo procedentes del Oriente.

 Las manifestaciones pintorescas de la vida oriental consti­tuyen la nota saliente del Cairo. En las callejuelas estrechas los comerciantes en pequeño aparecen sentados en el suelo con las piernas cruzadas y rodeados de los objetos que más frecuen­temente solicitan los compradores.

 Grupos de campesinos con jaiques de algodón azul o feces rojos, camellos de rítmico andar, vehículos de transporte delan­te de los cuales van los conductores gritando: "¡Eminak' (a la derecha,) "¡Yemalak!" (a la izquierda;) vendedores que prego­nan a grandes voces su mercancía y largas recuas de asnos con pesadas cargas forman el conjunto extraño y atrayente de los barrios en que la vida autóctona no ha sido modificada por los europeos.

 Entre las instituciones civiles, la más importante es El Museo Egipcio, fundado por el eminente sabio francés Mariette, para Egiptología solamente. Está en un edificio cuya construc­ción costó la suma de 5,000,000 de francos. Este edificio se ele­va a la orilla derecha del Nilo, cerca del puente de Kasr-en Nil y del soberbio palacio del Jedive, que hoy ya se denomina Rey de Egipto. El Museo está admirablemente metodizado. Cada objeto tiene un número rojo que corresponde al catálogo en inglés y otro negro que se refiere al catálogo en francés. En el jardín del Museo, que es admirable por la variedad de plan­tas orientales que florecen allí, se encuentra un suntuoso sarcó­fago conteniendo los restos de su fundador Mariette, cuya estatua se levanta cerca del mismo lugar. Flanquean la puerta prin­cipal, que da entrada a la Gran Galería de Honor, dos enormes esfinges extraídas en las excavaciones de las ruinas de Karnac.

 En las salas del piso principal están perfectamente clasifi­cados los objetos de pequeñas dimensiones, así como las momias, armas, joyas, etc., cuyo conjunto es tan rico y variado que nadie disputa a este Museo el puesto de primero en el Mundo. Entre los objetos que despiertan mayor interés aquí, están las nume­rosas momias, unas tan antiguas que datan de antes de Jesu­cristo. Están muy bien conservadas. Sus colores son vivísimos: chillantes, pudiera decirse . Contienen adornos y dibujos dora­dos. Hay algunas que tienen sus correspondientes ataúdes muy  —133— POR TIERRAS SANTAS Y POR TIERRAS PROFANAS  bien decorados, lujosos. Las cintas de seda—muy angostas—con que cubrían los cadáveres después de embalsamados, están tan unidas y tan simétricamente colocadas y tirantes, que constitu­yen un verdadero tejido. El lector se imaginará con qué esmero se embalsamaron los cadáveres de los Reyes, Príncipes, Princesas y demás reales personajes egipcios cuyas momias vieron nuestros ojos en aquel Museo que, con su grandeza, produce una impresión de apoteosis . Interesantísimo es también el Museo Arabe en el cual se pueden admirar las maravillas que el arte sarraceno, que floreció en Egipto durante doce siglos, dejó por doquiera. Se encuen­tra en el Palacio de Babel Khalk, a donde fueron trasladados todos los objetos artísicos que guardaba la Mezquita de el-Hal­Kim cuando fué dañada por un terremoto, dando así prin­cipio al célebre, Museo Arabe. Se conservan en él lápidas conmemorativas, vasos, tazas de fuente, mirabs, laudas, capite­les, blasones con figuras de animales, mosaicos, etc. La sección de bronces y metales es riquísima y comprende muchos cande­leros, vasos, mesas, puertas, estuches del Corán, armas, cofres, cerrojos y lámparas. Hay también enormes linternas muy pare­cidas a las que adornaban el Palacio de la Alhambra en España.

 La Biblioteca Kedival es otro de los edificios más impor­tantes, no sólo por su estructura de un elegante estilo árabe, sino también por los tesoros científicos y artísticos que contiene. Fué fundada en 1870 por el Kedive Ismail y está dividida en dos secciones : la una científica y la otra literaria. Posee la colección más grande de Coranes que se conoce en el mundo oriental, contándose entre ellos el que perteneció a la Sultana Safiya, que tiene más de un metro de alto y en el cual las líneas del texto son alternativamente negras y doradas. Las miniaturas persas de toda clase de libros orientales forman otra de las secciones más interesantes. Entre las obras literarias y científicas se conservan las del poeta persa Chiraz, las de Assar, la Cosmografía de Cazuini y una crónica del Reino Otomano por Rachid. La Biblioteca Kedival comprende más de 50,000 volúmenes, 10,000 mapas y un curioso monetario oriental.

 El Cairo, que es también la metrópoli de todo el Continen­te Africano, además de ser capital de Egipto, tiene una his­toria llena de episodios románticos. Ha sido campo de acción de grandes personajes, desde el Sultán Saladino hasta el Empe­rador Napoleón; ha sido el lugar en que el Cristianismo ha teni­do sus más fuertes choques con el Islamismo, es la cuna de los cuentos llamados "Las Noches Arabes," preciosas fantasías para —134— niños; es el lugar donde han nacido grandes escuelas filosóficas; y, por último, es hoy uno de los más concurridos paseos de Invierno de los ricos de Europa y de América.

 El viajero se encuentra en El Cairo, pudiera decirse, ya en el corazón de la vida oriental; y, sin embargo, puede satis­facer todavía sus más refinados gustos de hombre del Occidente y encontrar, con facilidad, hoteles que compiten en lujo y co­modidades con los de las capitales europeas y americanas.

 Cada recodo de la vieja ciudad de los jedives guarda su interesante trozo de historia. Las ruinas de una antigua forta­leza, los restos de una destartalada mezquita, las piedras grie­tosas de un puente romano, todo está ahí lleno de evocaciones históricas que conducen a uno en alas de la fantasía a aquellos tiempos en que Saladino salió al encuentro de los héroes que conducía Ricardo Corazón de León o bien a los tranquilos y felices días del buen Harum-al-Rashid, que fué tan amigo del Emperador Carlomagno, y que se trasladaba de Bagdad al Cairo en busca de las sagradas aguas que habían de devolverle la salud y la esperanza.

 Mil recuerdos están asociados a estas piedras que han visto desfilar los siglos. Pesados monumentos de arquitectura anti­gua se perfilan sobre el horizonte cuando uno extiende la vista desde algún punto elevado. Hacia la izquierda yace la desolada Menfis, acaso la ciudad más vieja del Mundo; un poco más allá alcánzase a divisar la tierra de Goshen, en donde los israelitas vivieron antes del éxodo hacia la Tierra Prometida; dos millas hacia abajo de la corriente del Nilo, cerca de Embabeh, está el paraje en donde las tropas francesas derrotaron a los mamelu­cos en las batalla conocida en la historia con el nombre de "Bata­lla de las Pirámides." Todo eso y mucho más puede ser visto en pocas horas en El Cairo, que presenta un campo de acción admirable para el turista ávido de estas emociones.

 Lejanos están ya los tiempos del bondadoso Tewfik que, según es fama, recibía fácilmente a los extranjeros que desea­ban visitarle. El actual Rey Fuad I, que fué educado en Cons­tantinopla, se hace guardar toda la pompa y ceremonial de los soberanos europeos.

 Nosotros tuvimos ocasión de ver a Su Majestad Fuad I en una de las plazas de El Cairo paseando en un automóvil descu­bierto. Iba vestido casi a la europea, pues tan sólo el turbante rojo que llevaba en la cabeza le daba cierto aire oriental a su traje lleno de adornos dorados, parecidos a los del uniforme diplomático. De su pecho pendían varias relucientes condeco‑ -135— POR TIERRAS SANTAS Y POR TIERRAS PROFANASraciones; y contestaba ceremoniosamente los saludos llenos de respecto que el pueblo le prodigaba al pasar. Este soberano, que se ha distinguido por su hábil política en los asuntos inter­nacionales, sucedió en el trono egipcio a su hermano Hussein I, que murió en 1918. Al reasumir Egipto su soberanía, fué pro­clamado Rey el 15 de marzo de 1922, habiendo resultado uno de los más progresistas hombres de estado del país del Nilo. Se le debe la fundación de la Universidad Egipcia, la del Instituto Ictiológico y la reorganización de la Sociedad Geográfica del Egipto. Desde aquella fecha se comenzó de nuevo a usar en la Tierra de las Pirámides la palabra Rey para designar al soberano, en vez de Jedive o Kedive, como se decía antes

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