CRUZ Y BARRIOS
INCENDIO Y SAQUEO A LA VILLA DE HUEHUETENANGO
ENRIQUE DEL CID FERNÁNDEZ
1967
Hay personas que
vieron los haces de acote preparados para el incendio de la Villa, y a quienes los mostró el mismo Cruz anunciandoles su
bárbara resolución,'.
"El mismo amenazó con deshacer
a los habitantes de Huehuetenango en comunicaciones dirigidas al cura
Vicario y al Alcalde".
("La semana"
de domingo 1.9 de diciembre de 1869),
LAS GUAYABAS"
Diciembre en los Cuchumatanes. Brillan las hojas de los
árboles humedecidas por el rocío de la noche. El viento que baja de la altura
hace resbalar las gotas de agua hasta la suave tierra donde dejan perceptible y
fresca huella. Brilla el riachuelo que serpea en hondo cauce de negruzca roca.
Brilla también la laguna de Ocubilá, silenciosa, prolongándose sucesiva,
adentrándose mansa, profundamente, lamiendo rejoyas y bordecillos, llenando
quebradas con sus largas lenguas de plata acariciadas por los rayos de la luna
aquella noche azul, diáfana y tranquila ...
El firmamento aterciopelado adórnase con multitud de estrellas y luceros; con
sedosas gasas claras que impulsadas por invisibles ráfagas, caminan, caminan
... y caminan.
Enclavada en la inmensa
cordillera, perdida en una arruga gigantesca y en estratégica meseta de
los bajos Cuchumatanes está la aldea "Las Guayabas" donde destacan
lucecillas y las pocas casas cubiertas de teja o paja de trigo. La primitiva
iglesia apunta al cielo con su pequeño campanario piramidal de una sola pieza,
rodéala en parte un macizo de chatas que extiéndese hasta el bosquecillo vecino
formado por cerones, chalahuites, chulubes y arrayanes bajo cuyo follaje reposan durmiendo centenares de indígenas procedentes de Santa María Nebah,
Chajul, Cotzal, Chalchitán y Aguacatán, mezclados entre cacaxtle,, jarros de arcilla, tecomates,
suyacales y machetes.
Recién acaba de llegar el último rezago de naturales enganchados para seguir a
la partida de rebeldes cuyos ideales cual pólvora encendida en aquella lejana
zona de los Altos, inflama ya, como fruto de las intentonas nacidas allende de
la frontera, el espíritu de algunos ciudadanos que arriesgan vida, familia y
hacienda al contravenir las disposiciones contenidas en la proclama del
Sargento Mayor don Julio
César de Garrido y Estrada, de fecha 1o. de mayo de 1869 y basadas en el
decreto de 4 de febrero de 1867., 'En estas circunstancias, sirven y guían a
los que empéñanse en avasallar la institución gubernamental de tendencia
conservadora establecida en la república desde hace más de veinte años (1848),
LLAMADO A LAS ARMAS
Dirigida la pueblo de huehuetenango por
don JULIO CESAR DE GARRIDO
CORREGIDOR Y COMANDANTE
GENERAL DEL DEPARTAMENTO DE HUEHUETENANGO
.
"Proclama dirigida al
pueblo de Huehuetenango por don Julio César de Garrido, Sargento Mayor de las Milicias del
Ejército de la República, Corregidor
y Comandante Gral. del Departamento de Huehuetenango.
"Julio César de
Garrido Sargento Mayor de Caballería de las milicias del Ejercito de la
República, Corregidor y
Comandante Gral. del Departamento de Huehuetenango.
POR CUANTO
'Habiendo levantado D.
Serapio Cruz los indígenas de Nebaj, Cotzal y Chajul que
ha armado, promoviendo
así una guerra de carácter atroz como lo prueba el asesinato
cometido en los prisioneros que capturó de la fuerza que mandaba el Teniente Avelar; y siendo
indispensable reunir todos los medios de defensa tanto para impedir la entrada de los
salvajes en el Departamento como para impedir la conivencia de algunas personas mal
intencionadas que auxilian y tienen correspondencia con los reveldes:
hallandose tambien ausente la autoridad judicial; en uso de las facultades que
me confieren las ordenanzas del Ejercito, tengo a bien ordenar:
1°. Mientran duren las actuales circunstancias, se suspenden en el Departamento las garantías
consignadas en los Artículos 18, 19, 20, 21, 22, 23 y 24 de la ley de los derechos de los
Ciudadanos de 5 de Diciembre de 1839.
2°. Vuelve a toda su fuerza y vigor el Decreto de 4 de Febrero de 1867.
En consecuencia serán
jusgados en
consejo de guerra
todos los individuos en quienes se declara conivencia ó complicidad con los reveldes.3
3 Los Comandantes de las fuerzas
que se hallen en operaciones activas en el Departamento podrán utilizar para el
servicio militar, todos los elementos que jusguen necesarios de los
cuales daránrecibo á las Corporaciones ó personas que los faciliten.
4°. Todo individuo
que hallándose en la edad de circunstancias de la ley, no acudiese a tomar las armas
siendo requerido por la autoridad militar competente, será jusgado y castigado como desertor de campaña.
Dado en el Corregimiento
de Huehuetenango á primero de Mayo de mil ochocientos sesenta y
nueve".
"J. CESAR DE GARRIDO". "De su. orden:
MANUEL FUNES Secretario".
II. CAMPAMENTO
Desaparece la luna en la comba sin límite del cielo. Alborozo de gallos giros y mugir de vacas prietas, overas y barrosas en los patios de la aldea. Vida y movimiento principian aquella madrugada mientras los luceros se fugan con el alba. Azul, el humo del hogar, asciende en forma de volutas caprichosas confundidas en la niebla ...
De una casa con guardias a la puerta, sale el Capitán Motta seguido por tres intérpretes de raza indígena. Dirígense al bosquecillo vecino a la iglesia instando con fuertes voces a los .indios a ponerse en pie y formar en línea. Estos, que duermen vestidos y cubiertos con "capishayes", incorpóranse perezosos recogiendo algunos petates y calándose los sombreros humedecidos y grasientos. Las órdenes del militar acompáñanse con la actitud de los sargentos que principian a ayudarles en la tarea .de extinguir los rescoldos de las fogatas mantenidas para moderar el frío de la altura.
Aquellos que apenas comprenden el español e ignoran lo que son las maniobras militares y menos la obediencia a las voces de mando, actúan sin mayor coordinación. Sin embargo, cuando los traductores advierten que la hora de comer ha llegado, acuden presurosos a tomar la ración de totoposte y de birringue , formando extraña multitud de seres descalzos, de ojos semioblicuos, pronunciados labios, magra presencia, pelo hirsuto y abundante, moreno-amarillenta la color que, con gritos entrecortados, guturales y medio salvajes manifiestan su alegría adelantándose unos a otros para tratar de, llegar primero al reparto.
. "Birringue": mezcla de maíz quebrado y cocido en forma de pan del que usan aún los indígenas de la región en los grandes recorridos. Para comerlo, lo introducen en una jarra de agua hirviendo y hacen con él una especie de atol o bebida muy nutritiva y barata.
III EL CORRAL
Al lado del cabildo. suaves rayos de sol alargan las sombras proyectadas por los postes de "mezquite" que forman un gran corral donde guárdanse ochenta equinos, mulares y otros mancarrones de toda laya y color.,
Relinchan
los sementales percibiendo a la cansada yegua que desciende las veredas
arenosas de empinadas serranías, mientras eluden reatas, maneas y lechuguillas
que silban amenazantes en su intento de detenerles por el cuello. Tiembla la tierra cuando el
tropel de bestias muévese incesantemente en un solo grupo: al arrancar en
conjunta estampida y entre nubes de polvo; al doblar repentinamente para esquivar con
gallardía y precisión las sogas ahogadoras; o al mancarse con inadvertidas
coces lanzadas al azar ...
El vapor que exhalan los ollares es doble niebla que
levántase del suelo opacando el brillo de los ojos, el sudor de los ijares y el
tornasolar de las crines de los cuellos y las colas. Los que lidian con
aquellos animales son hábiles
arrieros contrabandistas que hacen mensualmente el recorrido entre El Pino y
la frontera, por la vieja, peligrosa y casi desconocida senda que
pasa por El Rancho, Tojeloj, Tuispec, Las Cajas y Los Jazmines perdiéndose en
las crestas de Tablón Viejo para ascender las serranías de Puchilaj y llegar al
paso de Los Limones conduciendo largas recuas de mulares atados de cola y
gamarrón y cargados del
famoso comiteco. Secos y enjutos, curtida la piel y luenga la barba,
avezadísimos en las tareas del "sabaneo y arrejunta" demuestran
pronto su larga experiencia: a la luz de aquel amanecer van "cayendo"
una a una las mulas grullas, mapanas y mosqueadas; los garañones alazanes,
retintos, bayos y tordillos; por último, los caballos caretos, estrellas,
calzados, entrepelados, y unos más unalbos, dosalbos o tresalbos .. .
Domeñados sus ímpetus, son sacados por la puerta principal
hacia los apeaderos de la pequeña plaza. Allí, en presencia de los Capitanes Apolonio Cabrera y José María
González proceden los mozos a ensillarlos. Los militares revisan cada
una de las cabezadas, frontales, ahogadoras y frenos; las barbadas, cerretas y
bridas; cinchas, barrigueras y tenedoras; mantillones, sudaderos, acciones,
pistoleras y fundas de todos aquellos jaeces, especialmente los de un hermoso
tordillo de buena alzada que, alejado de los otros, tasca nerviosamente el
freno atado a una basa de los pilares del edificio municipal. Es el caballo para el jefe
rebelde, Mariscal de Campo don Serapio Cruz, cabecilla de la facción
que ha pasado la frontera
amalhayando la victoria y como la suerte le ha sido adversa en
varias ocasiones, ha tornado a descabalgar cumbres, veredas, senderos, cerros,
crestas y puentes que conducen a Chiapas para soñar de nuevo con un triunfal regreso.
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