Sábado, 7 de noviembre de 2015
EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE Recopilado por Alan Devoe--1945
EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE
Recopilado por Alan Devoe
AQUELLA TARDE
llevé a casa un perro de muestra que había pasado los
ocho primeros meses de su vida en espacioso y solitario corral, sin ver casi
nunca un ser humano salvo la persona que iba a echarle ,de comer. Era un animal corpulento, vigoroso y bravo. Al
recibir una llamada urgente que me obligaba a ausentarme esa noche unas horas, llevé al perro al sótano y lo dejé allí encerrado.
Al regresar a hora
ya bastante avanzada entré por la puerta de la cocina. Apenas traspasé el
umbral, surgió de la oscuridad un bulto negro que se me echó encima lanzando
feroces gruñidos. Recibí el golpe en mitad del pecho. Unas recias mandíbulas me agarraron el brazo con que
instintivamente procuraba resguardar la garganta. Oí luego una vocecilla infantil que gritaba:
—¡ Muñeco, aquí! ¡ Quieto, Muñeco!
Pronto me enteré de lo que había ocurrido en mi ausencia.
Compadecida
del perro, que al verse solo en el sótano prorrumpió en lastimeros aullidos, mi
hijita llevó a la cocina almohadas y mantas,
libró al can del encierro y se instaló allí con él.
Ambos dormían cuando yo llegué.
Para el perro mi
presencia fue la de un intruso. La aventura estuvo a
punto de costarme el pescuezo. De todos modos, me costó un perro de
caza. Porque «Muñeco» no ha reconocido desde
entonces más amo que la niña.
--V.
C. V. N. (Oradell, New Jersey)
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