lunes, 10 de noviembre de 2025

L PALACIO DEL GRAN REY:*READ*11-14

  EL PALACIO DEL GRAN REY:

 O, EL PODER, LA SABIDURÍA Y LA BONDAD DE DIOS, ILUSTRADOS EN LA MULTIPLICIDAD Y VARIEDAD DE SUS OBRAS.

 POR  HOLLIS READ

"Quien busque podrá hallar a Dios.”

Nueva York

1859

eEL PALACIO DEL GRAN REY:*READ*11-14

Pero cuando descendemos al mundo microscópico, y contemplamos la multitud de incontables millones de diminutos seres vivos, y animálculos, tan diminutos que miríadas no son  más grandes que un grano de arena, y que pueden habitar una gota de agua, —y cuando vemos estos minúsculos átomos vivientes, acabados con un toque exquisito de habilidad y belleza, nuestra admiración por la obra divina se eleva, si cabe, aún más.

Ahora percibimos una habilidad y delicadeza en la obra que trasciende todas nuestras más elevadas concepciones del Gran Arquitecto. El microscopio revela al ojo asombrado un mundo invisible de seres vivos; y todos ellos, aunque su existencia no pueda detectarse a simple vista, están dotados de órganos para la locomoción, para oír y ver; con nervios y vasos sanguíneos, y los medios para obtener y digerir su alimento y reproducir su especie. Y presentan toda la variedad imaginable de movimiento, forma, tamaño y color. ¡Qué maravillosa la habilidad que adornó el ala de uno de estos diminutos átomos de la creación, y que hizo que la sangre corriera por sus venas! Y por maravillosos que sean los descubrimientos del microscopio, no hay indicios de que se acerquen a un límite.

Así como en el otro extremo de la creación, cada nueva potencia añadida al telescopio abre nuevos campos del espacio aún radiantes con mundos brillantes; y más allá del alcance de la visión telescópica yacen campos inexplorados que, si se observaran con un telescopio más potente, revelarían nuevos sistemas y grupos de mundos; así también la potencia que hasta ahora se ha aplicado al microscopio no ha logrado revelar nuevos mundos de animálculos. Cada nuevo descubrimiento solo sirve para confirmar la conjetura de que un instrumento más potente desplegaría nuevos mundos de maravillas más allá.

Si bien por Universo nos referimos, al que hemos llamado el Palacio del Gran Rey, al grandioso resumen de todos los mundos, MULTIPLICIDAD E INFINITA VARIEDAD. 13 que Dios ha creado, y a toda la infinita multiplicidad de objetos, animados e inanimados, vegetales y minerales, con los que el Gran Arquitecto ha provisto estos mundos, no nos proponemos adentrarnos en un campo tan vasto de ilustraciones de nuestro tema actual, sino que nos limitaremos principalmente a un pequeño mundo, y por razones obvias elegiremos el planeta con el que mejor estamos familiarizados. El globo, llamado Tierra, servirá como Palacio a través de cuyos productos de arte y habilidad, extrañamente diversos, haremos algunas incursiones dispersas, buscando ilustraciones de la sabiduría, bondad y poder de Dios: no tanto por la magnitud y minuciosidad de sus obras como por su multiplicidad e infinita variedad.

Sin embargo, no debemos pasar por alto la amplia y estrellada bóveda de este palacio terrenal: la gran cúpula del Cielo, tachonada con diez mil estrellas, y que se extiende hacia el espacio infinito hasta donde alcanza el pensamiento. Al comparar los cuerpos celestes, sistema con sistema, estrella con estrella y planeta con planeta, descubriremos la misma variedad infinita que lo impregna todo. El campo de ilustración es tan amplio como todo el ámbito de las obras de la naturaleza. Los mundos mineral, vegetal y animal están repletos de ejemplos para nuestro propósito; también lo están la condición e historia del hombre, las habituales disposiciones de la Providencia y los medios de la redención del hombre tras la caída. Todo indica el profuso despliegue de la bondad divina para diversificar y embellecer sus obras y variar sus caminos, como la forma más eficaz de asegurar la felicidad de sus criaturas inteligentes. ¿Quién sino Dios habría pensado en las diez mil maneras que ha adoptado para hacer feliz al hombre?

Nuestro tema es agradable y muy apropiado para el entretenimiento de la mente observadora. 14 EL PALACIO DEL GRAN REY. Pero en los siguientes capítulos, tenemos un propósito superior. Esperamos elevar la mente al Dios de la Naturaleza y presentarlo como un Padre bondadoso, benevolente, infinitamente sabio y hacedor de maravillas, que siempre está activo, incluso en los ámbitos más inconcebiblemente pequeños y aparentemente insignificantes de la creación.

 Deseamos fervientemente dejar grabado en la mente del lector la idea de que un Dios así es digno del más profundo homenaje, de una admiración sin límites y de un amor sincero. Tales contemplaciones sobre la obra de la mano divina difícilmente dejarán de darnos la más sublime idea de la habilidad, la sabiduría y la benevolencia del gran Autor de la creación. No solo fabrica y termina todo con un toque exquisito que resiste el escrutinio más minúsculo, y crea un número infinito de objetos,desde los más inconcebiblemente diminutos hasta los más estupendos grandes, sino que los crea con una diversidad tan extraña e infinita. No se han encontrado jamás dos objetos iguales. Y no solo no existen dos objetos iguales en un momento dado, sino que, a juzgar por las únicas premisas que tenemos sobre el tema, podemos preguntarnos razonablemente si existen dos objetos que hayan existido desde el principio de la creación, o que vayan a existir, exactamente iguales. Tan inagotables son las concepciones de la mente divina, y tan ilimitados son su habilidad y su poder, que no se encuentran jamás dos individuos de ninguna especie animal, vegetal, mineral o de ninguna otra existencia creada.

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