LA IGLESIA EVANGELICA DEL VALLE DE PIAMONTE
POR SAMUEL MORLAND
LONDRES
1658
37
Una antiquísima Confesión de los Pecados, comúnmente usada entre los Aldenses y Albigenses,
Traducida de su propio idioma:
Oh Dios, Rey y Señor de todos los tiempos, te confieso, pues soy pecador, que te ha ofendido.
Oh Dios de reyes y Señor de señores, me confieso ante ti, pues soy un pecador que te ha ofendido gravemente con mi ingratitud. Perdona mi pecado, , pues me has mostrado lo que es el bien y el mal. He comprendido tu poder, no he ignorado tu sabiduría, he conocido tu justicia y he probado tu bondad. Y a pesar de todo el mal que hago, proviene de mi propia maldad;
Señor, perdóname y concédeme el arrepentimiento, pues te he engañado con mi gran presunción y no he creído en tu sabiduría ni en tus mandamientos, sino que he transgredido la ley, de lo cual me arrepiento profundamente
En mi vida, tampoco he tenido ese amor por tu gran bondad que debí haber tenido, y como se me ordenó, pero he obedecido demasiado al Diablo por mi propia perversidad; arraigado en mi corazón, tanto amo la avaricia, y busco el aplauso, y tengo tan poco amor por quienes me han obligado con sus bondades.
No tengo caridad alguna por tu bondad. Soy imprudente, demasiado atrevido y esdorzado para hacer el mal; por favor, perdóname; porque he sido desobediente por mi maldad, Señor, perdóname
Señor, perdóname porque no te he servido, sino que, al contrario, te he ofendido. Y he servido demasiado a mi propio cuerpo y a mi propia voluntad, con muchos pensamientos vanos y perversos deseos, en los que he hallado placer, me he cegado, he tenido muchos pensamientos malvados contra ti y he buscado muchas cosas contrarias a tu voluntad. Ten piedad de mí y dame humildad; he puesto mis ojos en vanos deleites, y rara vez he elevado mis a tu rostro. He prestado oído a sonidos vanos, sí, y a muchos discursos malvados, pero oír y para comprender tus Leyes y tus Estatutos me ha sido penoso y molesto //poner esos oídos// .
He cometido grandes faltas en cuanto a mi entendimiento, habiendo disfrutado más del hedor del mal que de la dulzura divina y el honor celestial. He ocultado mi culpa y la eche sobre otro. No he sido tan moderado como debí haberlo sido en mi comida y bebida.
A menudo he pagado con violencia, y en ello he obtenido placeres desmedidos; tanto mi cuerpo como mi mente están heridos. Has extendido mis manos para apoderarme de la vanidad, y mr hr esforzado perversamente por obtener bienes ajenos, complacer a mi prójimo y complacerlo. Sí, mi corazón se ha deleitado con estas cosas que he mencionado, y mucho más con muchos objetos necios e inútiles. Señor, perdóname y concédeme castidad. He empleado mal el tiempo que me has dado en vanidad; en la ligereza ha dado mal ejemplo a otros. No encuentro en mí ningún bien, sino mucho mal.
Te he decepcionado con mi maldad, y he condenado mi propia alma, y he reprochado a mi prójimo.
Señor, líbrame de la condenación// eterna//. He amado a mi prójimo sólo por los bienes temporales.
No me he comportado fielmente en materia de dar y recibir, pero he respetado a las personas según mi afecto. He amado demasiado a uno y odiado al otro, me he alegrado por la prosperidad de los buenos y me he entristecido demasiado por la adversidad de los malvados desde el pasado hasta el momento presente. No he tenido ningún arrepentimiento o remordimiento proporcional a la ofensa. No he considerado. Pero tú conoces todos los malos pensamientos, todas las malas palabras y todas las perversiones de las que he sido culpable: Señor, perdóname y dame espacio para arrepentirme en esta vida presente, y concédeme tu gracia, para que en el futuro pueda odiar esas cosas malas, amar el bien y preservarlo en mi corazón, para que pueda amarte sobre todas las cosas y temerte de tal manera que en el Día de mi Muerte pueda tener la seguridad: He hecho lo que te es grato, recibime a tu diestra sin mancha ni defecto. Señor, hazlo todo según tu beneplácito. Amén.
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