En Cesárea vivía el General
retirado, y su esposa, suegros del centurión Cornelio; así mismos sus ancianos padres. Todos eran devotos creyentes
del Dios de Abraham. Parecerá
increíble esta afirmación, pero había sido posible gracias a la conducta piadosa y
sincera del Centurión Cornelio. Aún Cornelio, había
ganado varios adeptos o prosélitos, entre los soldados romanos a su servicio.
EL PEZ QUE PAGÓ EL TRIBUTO -
MI HISTORIA DE LOS DÍAS SABADOS
Por. Un
apasionado por la historia huehueteca/Autor del Blog, quién se inspira en su
gran amor por su ciudad natal
QUIÉN DEDICA ESTA HISTORIA AL PADRE ETERNO, A MI
SALVADOR JESUCRISTO Y AL ESPIRITU SANTO
Sábado, 21 de Agosto del año del Señor Jesucristo
de 2021, el tío Daniel, en compañía de Susana, Jorge, Ricardo,
Felipe, Sara Elizabeth y sus padres; han viajado a la laguna Brava, del
municipio de Nentón, Departamento de Huehuetenango. Daniel toma la palabra, y
dice:
—Esta mañana, tenemos de in vitados a los padres de
Sara Elizabeth, y por fin, está con nosotros, nuestro amigo Felipe, el
escritor. Las dos últimas veces, ha mandado sus cuentos escritos, hoy,
escucharemos de su voz, el cuento que escribió durante el viaje de la ciudad de
Huehuetenango a este lago. —
—Buenos días! Gracias!; Tengo el gusto de leerles el
cuento que escribí durante parte del camino a este lugar, hace unos minutos le
decía a Daniel, que no deberíamos llamar laguna, sino lago
a este paradisiaco lugar. Yo crecí llamando laguna, a cualquier charca de agua turbia que veía, pero este cuerpo de agua, es
considerablemente grande y bellísimo, para que entre como debe ser en la
denominación de lago. Mi relato, se desarrolla en parte en otro lago,
hermoso, y de gran significado para los cristianos, el lago, o como se le conoce, como el mar
de Galilea, aunque repito es un lago. Escuchad, amigos, la lectura
de mi cuento:
— ¡Esposo
mío! Quiero contarte un sueño que tuve
hoy en la madrugada. —
—Escucho atentamente; Amada Esposa—
— Soñé que íbamos en una barca por el lago de Galilea, y
llegando al centro del mismo, la barca se detuvo. Seguidamente, tu sacaste una
moneda de tu bolso, y acto seguido, la lanzaste al agua. Una Paloma de
plumaje blanco y brillante, venía volando, luego se posó en la barca. En su
pico traía un papel con unas letras escritas. Amado, esposo, tomaste el papel y
leíste el mensaje. —
— Athenas,
amada; dime si viste que mensaje, aparecía en dicho papel—
— El
mensaje decía: “¡Cree en mí, Yo soy el que Soy!”—
— Ayer
en la noche, meditaba en el mensaje del rabino José de Arimatea, que escuchamos
el sábado; y pedía al Dios de los Israelitas, que iluminase, mi mente, mi
corazón. Y a los míos—
Esta conversación
dábase, entre Atenas, señora de hermosa
cabellera larga, y ojos color de avellana verde, y su esposo
Cornelio, Centurión de la compañía, llamada la “Italiana”, Destacada en Israel.
El suegro de
Cornelio, había servido como General del imperio, en Athenas, capital de Grecia. Allí había nacido su hija, a quien había llamado
Athenas, en admiración a la cultura griega. Veintidós años después, un joven soldado,
llamado Cornelius, descendiente de una noble
familia romana; quedó prendado de la bellísima Athenas. Siendo ya esposos, Cornelio había sido
destinado a servir en Israel, y por consiguiente había construido una regía
mansión, llamada “Athenas”, en la región
de Cesarea
marítima.
Cornelio y su
esposa Atenas, eran de corazón noble y generoso. Interesados por los Principios
Sagrados y doctrinas de la religión
judía, habían establecido una sólida amistad con José de Arimatea, un hom bre
acaudalado y bondadoso, de la nación de los judíos. Cornelio y Atenas, no consideraban a los israelitas, como
personas subyugadas, o inferiores a
ellos, por el hecho de pagar tributos a Roma Imperial.
La Biblia no lo dice específicamente, pero puede ser posible, que el Centurión,
mencionado en el Evangelio de Lucas, sea precisamente la persona de Cornelio.
Impresionados por el sueño, los esposos,
llegaron al lago de Galilea, subieron a una barca, y en el centro del mismo; Cornelio, elevó una oración al
cielo, y después lanzó una moneda hacía el fondo. Después de un tiempo, regresaron a su
hogar. Nunca imaginaron lo que sucedió bajo el agua. La moneda, que era
denominada un estatero, se hundió en las azules aguas; pero antes de tocar
fondo, quedo encima de las hojas de una gran planta acuática. Un pez de regular tamaño, vino nadando y sin
más la tragó.
Al otro día, en la mañana, se dio
la escena de Jesucristo, pedro , y los cobradores de tributo, que leemos en la
Sagrada Biblia:
17:24
Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos
dracmas,y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
17:25 El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes
cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
17:26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.
17:27 Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y
echa el anzuelo, y el primer pez
que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti. Libro
de San Mateo
Pedro al tomar el pez en sus manos, le abrió
la boca, y vio una reluciente moneda, la misma que el centurión Cornelio, había
lanzado al lago, todo a consecuencia del sueño, de su esposa Athenas.
Pasado un tiempo, Jesucristo entregó
su vida en la cruz, luego resucitó, conforme los evangelios, y ascendió a los
cielos, de donde vendrá a juzgar a la humanidad. Los apóstoles, en compañía, de las mujeres
creyentes y piadosas, entre ellos, María, la madre del Señor, buscaban en
oración constante la voluntad de Dios. Esto último, se narra en el libro de los
Hechos de los Apóstoles, y allí, en el mismo libro, leemos acerca de Cornelio.
10:1 Había en
Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana,
10:2
piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas
limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
10:3 Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un
ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.
10:4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo:
Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.
y a un devoto soldado de los que le
asistían;
10:22
Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen
testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido
instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus
palabras.
Y
Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.
10:34
Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace
acepción de personas,
10:35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
10:37
Vosotros sabéis lo
que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo
que predicó Juan:
10:38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y
cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo,
porque Dios estaba con él.
10:48
Y mandó
bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron
que se quedase por algunos días. Libro de Los Hechos de los Apóstoles
—Y
así me imagino, y deseo creer, que la
familia de Cornelio, y sus parientes, -Padres, suegros, hijos, sobrinos , y amigos romanos,
TODOS FUERON
SALVOS, en la fe de nuestro Salvador Jesucristo, finalizó ,
diciendo Felipe, el escritor.—
— ¡Bonita historia!; es de comprender, que la imaginación
literaria,"-Sueño de esposa Athenas"- es un recurso aceptable en
una narrativa, cuando, aporta, algo bueno; y por tanto, no contradice, la solidez de la
Palabra Sagrada—expresó el tío Daniel.—
—Nos ha hecho, recordar, y reflexionar, sobre la vida de
una maravillosa persona, como fue el Centurión Cornelio y su familia—aportaron los
padres de Sara Elizabeth.
—Mientras llega la hora del almuerzo,
tomaremos unos deliciosos jugos de duraznos—dijo riendo, la hermosa Susana del
Mar.
7:3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos
de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.
7:4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le
concedas esto;
7:5 porque ama
a nuestra nación, y nos edificó una
sinagoga.
7:6 Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el
centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy
digno de que entres bajo mi techo;
7:7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero di
la palabra, y mi siervo será sano.
7:8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y
digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo
hace.
7:9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que
le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Lucas 7.3-9